domingo, 16 de octubre de 2011

La increíble aventura de la Luspa




La aventura increíble de la Luspa







La increíble aventura de la Luspa






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Al joven excursionista extraviado en aquella ocasión nadie lo buscó, ni se supo de patrullas inmediatas, ni helicópteros, ni nada. Sin embargo, la montaña que lo asustó, le perdonó, y hoy vive para contarlo. En otros casos similares ciertos jóvenes cuencanos no corrieron la misma suerte, simplemente la montaña los mató sin piedad, causando profundo dolor a sus seres queridos. Esto hace talvez unos cuarenta años. En el caso vivido, la laguna Luspa, talvez la más grande del Parque Nacional del Cajas y la más hermosa, en aquel momento fue testigo mudo de la presencia de un grupo de jóvenes, chicos y chicas que habían llegado procedentes de Cuenca, pasando por la posada de don Lizardo Guevara para disfrutar del hermoso paraje durante una tarde, una noche y la mañana del día siguiente. Todo siguió igual a lo previsto y casi nadie del grupo se dio cuenta de que alguien de ellos había desaparecido a eso de las nueve de la mañana, y siendo las siete de la noche, todavía no encontraba el camino para salvarse de una tragedia segura. De pronto, ya en la oscuridad, desde la cuchilla que queda al frente de la Toreadora, el joven divisó una luz a lo lejos y fue su salvación. Era la casa de don Lizardo, a donde llegó entre caídas y levantadas, con su ropa hecha pedazos y su cuerpo ensangrentado, al cabo de doce horas de extravío. “Ha vuelto a nacer. Aquí el que se pierde, se muere”, le dijo el dueño de la posada. “¡Usted es la excepción, se ha producido un milagro!”

La Luspa es una verdadera maravilla

Hace unos días hemos vuelto al lugar del suceso. Ahora por otra ruta, muy fácil; a la anterior la respetamos profundamente, aunque muchos jóvenes excursionistas la atraviesan de modo permanente pero muy bien equipados y sin equivocarse en nada, “porque la montaña no perdona errores”. Aprendimos, y hoy enseñamos, que se requiere de un magnífico estado físico, mucha atención a los detalles que muestra el trayecto, que no hay que caminar solos, que hay que comunicar hacia dónde vamos y por dónde, que hay que tomar en cuenta el temporal y las circunstancias de la neblina, de la posible lluvia y la ventisca, las indicaciones y orientación del GPS, del reloj y la temperatura, del tipo de calzado, los primeros auxilios y el correspondiente equipo de andinismo. Con esas condiciones, podemos aprestarnos a presenciar el más hermoso espectáculo de la naturaleza. La Luspa es una verdadera maravilla de impresionante silencio y paz, sus aguas con un ligero movimiento por efecto del viento, se asemejan a surcos de jardín con tierra preparada para la siembra de flores. Las montañas que le rodean se muestran imponentes y respetables. Por exceso de confianza y por ingenuidad, sucedió lo que sucedió hace décadas, por suerte, sin concluir en lo peor.

El Camino Real entre la Luspa y la Llaviuco

La carretera de pavimento rígido y bien señalizada comienza en el Medio Ejido, pasa por un costado de Sayausí y avanza hacia Quínoas y la Casa Vieja de los herederos de don Lizardo Guevara, luego atraviesa el control vehicular y asciende hasta Tres Cruces. De allí, mirando hacia arriba a la izquierda parece imposible que un ser humano, de noche, sin siquiera una linterna y sin conocer el camino, haya podido transitar y sobrevivir hace décadas, justo atravesando la cuchilla frente a la Toreadora. Hoy continuamos por la vía y desde la cima vemos un amplio panorama con dirección a Migüir, Molleturo y la costa. En el km 42 nos detenemos. Allí se encuentra un pequeño restaurant llamado “La Trucha”, en donde dejamos el vehículo y después al regreso nos serviremos un sabroso plato y un aromático jarro de humeante café. Por allí está el ingreso a la Luspa. No existe señalización, debería haberla, sobre todo para el caso de una sorpresiva neblina, aunque no es recomendable transitar en horas de la tarde. Con GPS en mano, por si acaso, en 20 minutos de ligero ascenso ya se divisa la laguna y en 20 minutos más se llega al filo de la misma. La Luspa es quizás la más bella de todo el Cajas. Se puede rodear sus 5 km de perímetro en unas dos horas. Por allí se encuentra el Camino Real que conduce hacia la laguna de Llaviuco o Zurocucho en un recorrido de doce horas.

Ciertos turistas no respetan

En la orilla de la Luspa descansamos. Los pajaritos se aproximan curiosos e ingenuos; vuela por allí un pequeño cazador; el suelo está cubierto por una alfombra verde, “tejida con manos increíbles”, húmeda y frágil, decorada con flores blancas y amarillas; la paja custodia esa milagrosa generación del agua a una altitud de 3545 msnm y una temperatura fresca de 16 grados. Por la noche la temperatura baja notablemente, que al no estar convenientemente equipados, puede ser grave. En nuestra pasada aventura, a las seis de la tarde comenzó el frío, pero siempre teníamos presente que no debíamos dejar de movernos, porque el descansar significaba y significa adormecimiento y dulce sueño, el último, “riéndose”. En caso de extraviarse --no se debe olvidar-- no hay que perder la serenidad y la cabeza fría, hay que buscar un sitio algo abrigado pero siempre permaneciendo en movimiento; dicen que cuando se camina en esas circunstancias, se lo hace inconscientemente en círculo, no se avanza y no se sabe por qué. La recomendación fundamental es cuidarse de las trampas del camino que pueden ocasionar lesiones graves en las extremidades que a la postre resultan fatales, por la imposibilidad de caminar. El sitio en referencia es increíblemente hermoso, imponente, respetable, la montaña ofrece un verdadero deleite y espectáculo. Ahora al paso, vemos que algunos turistas aún no han aprendido la lección de otros, que esos sitios merecen la máxima veneración y cuidado; todavía arrojan desechos plásticos y basura. No se dan cuenta que ese inmenso paraje es hábitat de pequeños mamíferos, aves y una vegetación única, frágil y susceptible de destrucción, razón por la cual hay que guardar las normas elementales.

Difíciles momentos en la oscuridad

Desde el frente del pequeño islote de la Luspa, luego de un ligero descanso, en aquella ocasión ya lejana en el tiempo, emprendimos enseguida el imprudente regreso para rescatar nuestra mochila de la acémila que se había empantanado, y fue cuando perdimos el camino y con la niebla que bajó sorpresivamente al medio día, todo se confundió. Comenzó a oscurecer después de las seis, pero unas cascaritas de naranja cambiaron para nosotros el rumbo de la historia, fue el primer indicio del camino, del que no debíamos separarnos jamás, hasta llegar a la cuchilla y divisar la luz salvadora de la posada; de allí, paso a paso, de rodillas, como fuere, hasta perderlo de vista definitivamente más abajo, fuimos caminando por el pajonal, en ascensos y descensos, en caídas y levantadas, pero todavía con la esperanza, ¡ah la esperanza! de llegar con vida. ¿Cuántos kilómetros caminamos? No sabemos. Talvez diez o más, porque no es posible hacerlo en línea recta. Y llegamos donde el hombre que ya desapareció de la vida y conocía muchas historias como la nuestra, que a lo mejor debió haberla contado, como la del motociclista, como la del joven hijo de un personaje cuencano, como la del profesor de deportes y tantas otras. Desde entonces hemos vuelto, para recordar, para reconocer y reflexionar, y para tratar de hallar una explicación…que todavía no la encontramos…

César Pinos Espinoza

cesarpinose@hotmail.com

www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com

domingo, 2 de octubre de 2011

Gualdéleg, hermoso balcón yunguillano






Uno de los lugares más hermosos del valle de Yunguilla es sin duda Gualdéleg. Ubicado en la parte noroccidental del más extenso y placentero de los valles del Azuay, constituye un verdadero balcón natural formado por terrazas y pequeñas hondonadas en una altitud que fluctúa entre los 1500 y 1800 msnm y una temperatura primaveral que varía entre los 16 y 18 grados y una regular área de bosque protegido por la fundación Jocotoco, hábitat de especies de aves, plantas y animales en peligro de extinción. Alternan en el lugar cultivos de caña de azúcar, pastos, viviendas campesinas y fincas vacacionales, algunas de ellas hermosas y de buen gusto, como para descansar totalmente alejados del mundanal ruido y decir como el poeta: “Qué regalada vida / la del que huye del mundanal ruido / Y sigue por la escondida / senda por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido…”

¡Admirable en ciertos seres humanos!

En lo vial, el sitio de Gualdéleg podría tener un mejor aspecto si autoridades y moradores planificaran, por ejemplo un empedrado decorado con plantas del lugar y señalización. No hay duda, ganarían todos, por el atractivo turístico y la gran posibilidad de instalar pequeños negocios, eso sí, cuidando la naturaleza, la seguridad, el orden y el aseo. Existen lugares que pueden servir como modelo en Chile y en nuestro país. ¿Por qué no imitarlos? Tener todo un barrio o una vivienda bien arregladitos, si hay dinero, qué mejor. Yo llamo virtud ésta en los propietarios, porque todo se puede hacer con gusto y dedicación. No hay mejor satisfacción que vivir bien y como seres pensantes. Cuentan que el divino emperador Antonio no era virtuoso, era un estoico testarudo que no contento con mandar a los hombres, quería también que le estimasen, que se aplicaba a sí mismo el bien que hacía al género humano --es decir vivir bien, rodeado de cosas bonitas, atractivas y en orden-- que fue justo toda su vida --admirable en ciertos seres humanos-- laborioso --¡qué maravilla!-- visible en sus cosas, no mandadas a hacer simplemente sino producto de su espíritu y creatividad, ojalá con sus propias manos; que fue bienhechor por vanidad, y que no hizo más que engañar a los hombres con sus virtudes. Yo exclamo entonces: ¡Dios mío, dadnos con frecuencia semejantes bribones” (Voltaire. Diccionario Filosófico).

Historia de la primera Escuela

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Del ambiente pacífico, hermoso y fresco que rodea a las personas –igual que a los habitantes de Gualdéleg-- depende su carácter y actitudes en la vida. O.S. Marden dice: “Los médicos del porvenir serán a la par sicólogos consumados y educadores de las gentes, porque les enseñarán a pensar con rectitud, explicándoles que de buenos pensamientos deriva la buena conducta y que las condiciones fisiológicas son reflejo de las acciones morales presentes y pasadas y que por la transmutación del pensamiento es posible mejorar la conducta. Renovada la mente queda renovado el hombre” (El poder del pensamiento. Ed. Solar. Bogotá). Un día bañado de sol reluciente sirvió de marco para la inauguración de importantes mejoras en la escuela César Torres, del caserío Gualdéleg, de la parroquia Abdón Calderón, más conocida como La Unión, dice una crónica periodística, y buscando conocer de cerca todos esos lugares, hemos ido en un día similar. La historia de esta escuela se remonta a comienzos del siglo pasado, concretamente 1910, cuando el hoy patrono del plantel, don César Torres, había viajado a Colombia donde obtuvo todos los materiales necesarios para la enseñanza educativa. Al retornar al país, en su casa de habitación en Gualdéleg, destinó un cuarto para que funcione la primera Escuela. Con el paso de los años, sus hijos, Alejandro y Jordano, donaron el terreno para la primera construcción fabricada de adobe; posteriormente las autoridades educativas tomaron para sí la marcha administrativa y se procedió a la construcción de los otros pabellones y el resto de la infraestructura, con el apoyo del Consejo Provincial del Azuay y el Municipio de Santa Isabel, hasta la intervención del Club Rotario, para su reconstrucción integral.

José Peralta vivió sus últimos años

El doctor José Peralta, según narra Germán Ortega en “Vida y obra de José Peralta”, vivió sus últimos días en este valle. “Aquí, en Yunguilla, donde tantos momentos felices he vivido, donde me he refugiado de la ira del gobernante de turno y he guardado rigurosos destierros a lo ruso; he venido a pasar mis últimos años, a pensar, a reflexionar sobre la vida, sobre mi vida; rodeado por mi familia y por el olor dulce de la caña de azúcar, del naranjo y el cafetal. Veo mi pasado entre espesas brumas; busco siluetas claves para definir aquel tiempo vivido lentamente; no recuerdo mi infancia, sólo pequeños trozos como de fotografías borrosas, pero sé que no fue muy feliz. Nací en Chaupiyunga, de Gualleturo. La suave brisa que del lejano océano venía y el clima húmedo y cálido de sus montañas, me señaló, tal vez, para siempre. Sería toda mi vida un romántico idealista, soñador empedernido, que piensa que el hombre puede ser completamente libre. A mis ochenta años trato de recordar y escribir sobre mí mismo. Algunos pensarán que lo hago para justificar mis aciertos y errores, pero no, no escribo para el mundo, escribo para mí mismo; a esta edad en que siento que estoy más allá del bien y del mal me doy cuenta que no es necesario que los demás me estimen; me basta con mi propio juicio y el juicio de Dios, del cual el mío es parte. Mi padre, mi madre, ¿quiénes fueron? No hablaré de ellos, escribo sobre mí, no sobre lo que pasó antes de que yo existiera…” En lo demás --quizá sepan los lectores-- fue también Coronel de la República en la revolución liberal y las luchas contra el conservadorismo, filósofo y mentalizador de la nueva doctrina y representante del Azuay, es otro capítulo de la historia del Ecuador y del brillante aporte de este hombre.

Especies en peligro de extinción

Gualdéleg significa en lengua cañari “llano grande”, pero también podría provenir del quichua “huall” que significa “vuelta” y del cañari “delig”, “llanura”, es decir, “vuelta a la llanura”, que no le encuentro un sentido claro. En todo caso es un sitio muy hermoso de nuestra geografía azuaya, hábitat feliz del “sugsug” o mirlo, del “pichilig” o jilguero, de los bellos y laboriosos “chilalos” u horneros, del vivaz y atento “quillillico” o halcón, y del “palupishcu” o gorrión gris. Según conocimos, la fundación Jocotoco y sus investigadores encontraron especies de aves no vistas en mucho tiempo y a algunas las han salvado de la extinción. Han iniciado estudios de campo para monitorear el estado de conservación de las pequeñas poblaciones de ciertas especies. La reserva fue establecida en 1999 y comprende unas 80 hectáreas de matorrales celosamente cuidados. Allí se encuentran: el gavilán alicastaño que se alimenta de pequeños mamíferos y aves, se lanza al piso, generalmente en pastos abiertos para atrapar ratones, lagartijas y hasta saltamontes que son su alimento, es un excelente volador, por lo que también puede cazar en el aire. El mochuelo del Pacifico, es un búho pequeño con hábitos diurnos y nocturnos, su alimentación es muy variada, incluyendo libélulas, cigarras y lagartijas. El búho listado con pronunciadas orejeras, es una especie rara que asoma entre febrero y mayo y es posible escuchar su canto, está considerado vulnerable de extinción a nivel nacional. No existe mucha información sobre sus requerimientos de hábitat. Una especie de colibrí diferente a otras dos presentes en el país. El carpintero, que aparece a veces solo o con pareja, o en bandadas mixtas, se alimenta principalmente de larvas de insectos que encuentra al golpear ligeramente sobre la corteza de los árboles, sirviéndose de los ecos, que al parecer le indican dónde perforar, aunque en ocasiones se lo ve alimentándose de frutos. El chilalo u hornero del Pacífico, que habita bajo los 1500 msnm, pero a veces un poco más alto, es fácil reconocerlo por su canto repetitivo y sus nidos como horno de barro fabricados sobre las ramas gruesas de los árboles. Y así, Elenita del Pacífico, un pájaro pequeñito; el mirlo pizarroso; el matorralero cabecipálido del cual en la actualidad existen 38 parejas sobrevivientes; y el vaquero brilloso cuya hembra, “hecha la pilas”, deposita sus huevos en los nidos de otro llamado Atlapetes, para evitar el esfuerzo de construir un nido y alimentar a los polluelos. Al salir del cascarón los jóvenes invasores, “más pilas”, eliminan del nido los huevos de la anfitriona, quedando como únicos hijos a ser alimentados por la madre; esta actitud ha provocado el reducido número de Atlapetes, considerados ya en peligro crítico de extinción a nivel nacional e internacional. Como vemos, son lecciones de madre natura, que a veces no comprendemos, menos para llegar a practicarlas.

César Pinos Espinoza...

cesarpinose@hotmail.com

www.proyectoclubesdecomunicación.blogspot.com