domingo, 17 de abril de 2011

El cementerio Presbítero Maestro de Lima


Diario El Mercurio. Domingo 17 de abril de 2011.

Salgo temprano del hotel Panamericano con dirección al centro de Lima. La capital peruana es enorme y populosa con más de ocho millones de habitantes y una gran cantidad de destinos turísticos. Nuestro objetivo es el famoso cementerio Presbítero Matías Maestro. Vamos por segunda ocasión porque no basta una para conocerlo del todo y saber de los personajes históricos que allí descansan. El nombre de este cementerio-museo se debe a un religioso, arquitecto, pintor, músico, escritor y escultor nacido en Vitoria, España, en 1766 y fallecido en Lima en 1835. Maestro había recibido del Virrey Abascal el encargo de dirigir la reconstrucción de Lima afectada por el terremoto de 1746 y fue cuando reconstruyó la Catedral y otros edificios importantes.

De los más importantes del mundo

Tomo las precauciones del caso para dirigirme al lugar, puesto que el sector tiene fama de estar plagado de delincuentes que pululan en busca de víctimas a la entrada del cementerio y del otro, general, que está al frente. Obsequio unos cinco “nuevos soles” al guardián que me deja ingresar, con lo cual se queda feliz, y para estar tranquilo en el interior --poco frecuentado y en puntos casi solitario-- otro billete más a un jardinero un poco veterano que antes ha sido policía, para que además me sirva de guía. El cementerio es sensacional. Se encuentra en El Jirón Ancash, ocupa veinte hectáreas, alberga más de 800 tumbas y mausoleos y 250.000 nichos, fue inaugurado el 31de mayo de 1808 y es considerado uno de los camposantos más importantes del mundo. Impresionan sus esculturas, algunas de las cuales tienen una antigüedad de doscientos años y son verdaderas obras de arte de escultores extranjeros. Por ejemplo, el mausoleo de Luis Miguel Sánchez Cerro, un general nacido en Piura que llegó a la Presidencia del Perú, el primero con rasgos indígenas y afro-descendiente, sus antepasados fueron negros esclavos traídos de Madagascar; fue asesinado en el Campo de Marte de Lima, mientras pasaba revista a las tropas. La escultura de bronce es bellísima, muestra a la Patria con el personaje en sus brazos. Su autor es Romano Espinoza Cáceda.

Lugar de héroes e historia

Otro monumento hermoso es el de Alfonso Ugarte y Vernal un militar peruano, héroe de la Guerra del Pacífico. Fue jefe de la Octava División en la defensa de Arica, batalla del 7 de junio de 1880, bajo el mando del coronel Francisco Bolognesi. La placa dice: “Muerto heroicamente en el Morro de Arica. Su inconsolable madre le dedica este monumento”. Una mujer junto a la tumba tiene unas flores y está llorando. Días después conocí el Morro de Arica, hoy chileno, muestra huellas de una batalla sangrienta. En un sector de la entrada del cementerio de Lima encuentro el monumento del Mariscal José Domingo La Mar. El epitafio de su tumba muy descuidada, dice: “Al Gran Mariscal D. José de La Mar, Presidente del Perú, contribuyó a la guerra y victorias de la independencia”. Cerca de allí está el mausoleo del Mariscal Felipe Santiago Salaverry, también combatiente del ejército peruano en la batalla del Portete cuando tenía la edad de 23 años y era comandante de Húsares; llegó a ser Presidente del Perú y alcanzó el grado de Mariscal a los 30 años, pero enseguida tras una batalla contra Bolivia fue vencido, luego apresado por Santa Cruz y fusilado en el mismo campo. Otro personaje para nosotros conocido es Vicente Rocafuerte, cuya tumba tiene la siguiente inscripción: “Queda su nombre para gloria del mundo americano”. Murió en Lima en 1847. Otro mausoleo guarda los restos del “Gran Mariscal D. Agustín Gamarra”, que como se sabe, incluso por historiadores peruanos, produjo la caída de La Mar y muchos otros conflictos, a pesar de que destacan su amor por la cultura y las letras. Ubicado en una parte central se encuentra un gran mausoleo destinado a los héroes de la Guerra del Pacífico; miles de soldados y oficiales perdieron la vida en este conflicto que también le costó muy caro a su aliada Bolivia contra Chile, perdiendo la salida al mar, y al Perú Arica y Tarapacá. Existen otros mausoleos como el de Ramón Castilla, general y presidente peruano que durante la presidencia de Francisco Robles invadió el Ecuador y se tomó Guayaquil, y como nuestro país estaba dividido, como siempre, los peruanos agredieron e hicieron lo que les dio la gana.

Sofía Bergmann de Dreyfus

Pero el mausoleo más espectacular que he visto es el de Josefina Bergmann de Dreyfus. La mujer y su tumba tienen una historia singular: Sofía fue una joven peruana que murió en Paris. Su padre Federico nacido en Hannover, muy temprano viajó a Argentina en donde conoció a Estanislaa Rubio con quien se casó y procreó varios hijos, entre ellos Sofía que nació en Lima, a donde había llegado su padre representando una empresa inglesa. Sofía se casó con Augusto Dreyfus, un magnate comerciante judío-francés, era católica también de origen judío por parte de su progenitor. Federico fue quien firmó en 1869 el famoso y polémico “Contrato Dreyfus” para la comercialización exclusiva del guano; tenía relación familiar con los Blacker, Espantoso, Oramas, y Ballén de Guayaquil. Es que siempre ha existido dicha relación de familias guayaquileñas con limeñas, por razones de negocios o parentesco. Lo cierto es que Josefina muere posiblemente por una complicación de asma o de una enfermedad contagiosa muy frecuente en esa época. El esposo mandó a traer el cadáver pero los restos no pudieron ser enterrados en el cementerio y fueron cremados en el propio barco luego trasladados a la tumba que ya había mandado a construir Dreyfus. El mausoleo es el monumento más imponente del Presbítero Maestro de Lima, está rodeado de cuatro esculturas bellísimas de bronce, obra del escultor francés Louis Ernet Barrías. En un ángulo está un ángel sentado, cansado, con una corona en sus manos; en otro una mujer medieval leyendo un libro; otro con una mujer vestida igual con dos niños desnudos; y en el otro una mujer con una daga en su mano derecha y un laurel en su izquierda. Arriba se encuentra Sofía recostada, muerta. Algunos dicen que el cuerpo de Sofía estaba contaminado con la peste por lo cual se le arrojó al mar y nunca llego a ser enterrado. Pero no falta quien afirme que si abrieran la cripta encontrarían una pequeña caja de madera tallada donde descansan las cenizas de Sofía Bergmann y que en realidad el entierro sí se llevó a cabo, aunque “entre gallos y media noche” Es decir, el caso ya es un mito. Una hermana de Sofía, llamada Isabel, fue por mucho tiempo la mujer más linda y adorable de Lima, pero con su pronta muerte, los Bergmann recibieron un nuevo y duro golpe.

Un monumento hermoso y dos tumbas sencillas

La tumba de Ángela Salcedo de Puente, con un monumento enorme trabajado por Enrique Tadolini, es simplemente espectacular: una mujer de formas hermosas y su rostro cubierto por su largo cabello en actitud de lamento. No he descubierto aún quién fue ella. En cambio, la tumba de Ciro Alegría es modesta: “Lo mejor de su vida pertenece a la tierra y a los hijos de la tierra, invictos a pesar de todo”, reza el epitafio del primer novelista clásico del Perú. Del mismo modo del poeta José Santos Chocano: “Este metro cuadrado que en la tierra he buscado, vendrá tarde a ser mío. Muerto al fin lo tendré…”

Un niño santo que juega de noche y hace milagros

Ahora son dos los jardineros que nos acompañan a Roberto Villalobos y mi persona en esta segunda visita al cementerio. Nos sentimos seguros y ellos también de que les daré dinero. Pero vale la pena: cinco “nuevos soles”, que equivalen a menos de dos dólares para cada uno de ellos y significan su día de comida, y con ese probable cálculo nos cuentan todo lo que les pedimos, pueden pasar todo el día y hasta pelear para defendernos de los ladrones. Nos sentimos realmente emocionados por tanta belleza e historia guardada en el recinto, y para rematar, sin que sea posible contar todo, existe la tumba de un niño de nombre Ricardito Espiell, vivió solo 6 años y falleció de una enfermedad misteriosa en 1893, siempre está con flores e inclusive le dejan juguetes, tiene fama de santo y hace milagros; a veces oyen de noche risas y sonidos como cuando juegan los niños. Por eso, si usted lector va a Lima, no se pierda este museo, y no deje de visitar al niño Ricardito, puede ser que le haga un milagro, el milagro de convertirle en un verdadero ser humano.

César Pinos Espinoza

cesarpinose@hotmail.com

domingo, 3 de abril de 2011

Huigra: historias, leyendas y turismo






Diario El Mercurio. Domingo 3 de abril de 2011

Parece que el tiempo se ha detenido en este pueblo; sin embargo, el paso de más de cien años, tiende a diluir los recuerdos de gloria, esplendor y tragedia. Por este y otros casos a menudo me pregunto, ¿acaso el olvido es bueno para los pueblos y los hombres? Consulto al semiólogo italiano Umberto Eco, que responde: “El daño que produce el exceso de estudios históricos que, habiendo alcanzado una complejidad y riqueza insoportables, oprimen la memoria de una cultura hasta tal punto que la tornan inadecuada para la vida. Y, en la onda de estos reclamos vitalistas, surge el llamado a los jóvenes para que elaboren un arte del olvido”. ¿Entonces, será que requerimos del olvido para no sufrir las consecuencias de las buenas y malas experiencias del pasado? Puede ser. Sin embargo a muchos nos encanta el pasado. Bueno o malo, es pasado, es leche derramada, pero apasionante, nos revitaliza. Claro que lo de hoy es emocionante, es un regalo, por eso lo llaman presente, sin embargo, hurgamos algo de lo que sucedió en este bello rincón de Chimborazo con el nombre deformado de Huigra.

Edward Morley en el centro de la historia

Edward Morley se ubica en el origen de la historia de Huigra, es considerado el fundador, en mayo 7 de 1907. Era un inglés dueño de grandes terrenos, que hizo cortar todo un bosque para utilizar la madera en durmientes y carbón que moviera el desquisiado proyecto del ferrocarril Guayaquil-Quito. Así se construyeron las primeras casas para los obreros. El personaje se había casado con una monja llamada Amelia Quezada. Fue el eje de este pueblo destinado a ser un centro importante durante cien años y testigo de muchos pasajes de la historia, del ajetreo de obreros, ingenieros y empresarios extranjeros, de la presencia de sangre negra extraña, de opulencia y comercio, de guerra y regueros de sangre, hasta desembocar en el declive que la historia a todos los pueblos destina.

Debe constar en un capítulo de oro

En 1895, Eloy Alfaro había llegado a la Presidencia de la República tras un cruento golpe revolucionario. Para entonces ya tenía contacto con personajes como Archer Harman y Edward Morley, financistas y representantes de una compañía americana interesada en construir el "ferrocarril más difícil del mundo", como lo bautizara Signald Millar, un ingeniero contratado en Inglaterra para los primeros estudios del tren. De ese modo nació la empresa que inició los trabajos en 1899. Todo esto que conocemos debe constar en un capítulo de oro de la Historia Nacional y ser difundido a lo largo y ancho de nuestra patria, para amarla más, dado que se trata de momentos en los cuales se registra de todo: de sangre, sudor y lágrimas. El 2 de mayo de 1902, llegó la máquina por primera vez a Huigra, y la afluencia de obreros dio lugar al florecimiento de la riqueza y el desarrollo; se construyeron oficinas y viviendas al más puro estilo norteamericano e inglés y se establecieron familias de Guayaquil y del extranjero; poco a poco llegaron comerciantes de diversos sectores de Azuay, Cañar y Chimborazo y también de tierras lejanas como Líbano, Siria, China y otros lugares del mundo. Así se diversificaron las actividades y vino el apogeo económico.

Confluencia de hombres y mujeres

El ferrocarril produjo en Huigra la presencia de personajes extraños como los Morley, Crow Smith, Dingledine, Dobbie…, y los jamaiquinos Douglas, Brown, Terrelonje… y otros. Como era de esperarse también se sumaron ecuatorianos como Teresita Linares, Josefina Salazar, Antonia y Mercedes Loza, Rosita Barragán… y los Medina, los Cisneros, los Bastidas, los Nuques, los Vázquez…en fin. De acuerdo a lo que hemos podido conocer, alrededor de mil hectáreas hacia la margen izquierda del río Chanchán, junto al poblado de Huigra, fueron a comienzos del siglo XX propiedad de la familia Vázquez Malo, de Cuenca; posteriormente una parte de esa hacienda pasó a poder de la familia Espinoza, de la misma ciudad, y luego de la gloriosa llegada del italiano Elia Liut a la capital azuaya el 4 de noviembre de 1920, el piloto tomó en arriendo una parte de esa propiedad para dedicarse al cultivo de tomate y fréjol. Anteriormente la familia Vázquez Malo cultivaba exitosamente fréjol, arveja y otros productos y mantenía en Namsa Grande y Namsa Chico una buena cantidad de ganado vacuno. Todo el sitio se conocía con el nombre de “La Ninfa”.

Elia Liut se refugió en Huigra

Liut, nacido en Fiume, al norte de Italia en 1895, construyó a su propio estilo la edificación principal cuyas huellas todavía se conservan en un restaurant y lugar de hospedaje hacia las afueras del pueblo, incluso perdura parte del piso y hasta una planta de níspero sembrada por el célebre piloto. Permaneció aproximadamente cuatro años con la siembra de tomate de riñón, cultivando una especie mejorada que trajo de su patria. Los resultados de su trabajo agrícola, según dicen, fueron de mucho éxito, pero más tarde al incursionar en la industria de pasta de tomate en el norte del Ecuador, no tuvo la misma suerte, pero también a causa de los gastos desmedidos en fiestas por parte de su esposa, doña Mercedes Angulo, que antes había sido muy adinerada. Su hermano José que también había arribado de Italia prosiguió hasta años después viviendo y trabajando en el pueblo. Un hijo suyo llevaba el nombre de Elia Liut, de quien la gente guarda recuerdos; falleció hace unos años. Luego la propiedad pasó a poder de la Compañía Monolítica, después fue de la familia Chiriboga y por último una pequeña parte en la actualidad es de un señor Chávez, de Guayaquil.

Edificios que se consumen en el tiempo

El colegio Fray Vicente Solano también tiene su parte en la historia de Huigra; apareció para educar y reeducar a jóvenes de otros rincones del país, especialmente de la costa; el P. Daniel Paredes Machuca, cuencano, fue su gestor. Después cerró sus puertas luego de 50 años de servicio. Hoy quieren recuperarlo. En Huigra hace poco todavía quedaba un edificio que había sido un hotel de Edward Morley, a donde llegaba como invitado especial Don Eloy con otros personajes importantes de la época. Hoy, con mucha pena vemos que lo han desbaratado y lo están haciendo de cemento, según ellos, “igualito al anterior”. ¿Qué dirá Patrimonio Cultural? ¿Y qué dirá de los otros edificios antiguos que se caen en pedazos en este pueblo y que son la identidad de nuestra nación?

Los jamaiquinos hicieron historia

Hace cinco años vimos un par de cruces a las afueras del poblado, decían que era la tumba de John Harman, unos de los célebres hermanos norteamericanos que apoyaron a Alfaro en la construcción del ferrocarril, pero que se contagió de la fiebre y murió en el lugar. Hoy, a sugerencia nuestra de años atrás, luce acondicionado un pequeño parquecito, atractivo, nostálgico e histórico, que supuestamente guarda los restos de hombres increíbles; así como más allá, de centenares de obreros procedentes de Jamaica, de los cuatro mil que trajo el Viejo Luchador, la mitad de los cuales perecieron en deslaves, accidentes y enfermedades tropicales, igual que otros, indígenas ecuatorianos. Un hombre llamado Arturo Atkinson asoma de vez en cuando e intenta recuperar esa historia. Y viene al caso, brillantemente, Enrique Gil Gilbert con su obra “Yunga y relatos de Emmanuel” (El Negro Santander), que dice: “A un indio viejo que estaba corcovado sacando piedras con una lampa, le cayó un pedrón rojizo sobre la espalda. Salió de su garganta un gruñido sordo como un gran atorarse. Quedó aplastado con los brazos como sacados por las orejas y las piernas abiertas, igual que los grillos que aplastan los muchachos”.

La hora de las fieras

Huigra es un pueblo visiblemente postergado, pero al mismo tiempo, hermoso, de clima primaveral, verdor y gente buena, digno de ser conocido. Los viejos añoran el pasado de gloria y esplendor, mientras los jóvenes se marchan poco a poco. No hay aún alternativa. En este punto alguna vez, al paso hacia Quito, Don Eloy, preso, en el ocaso de su vida gloriosa, pidió al coronel Sierra que lo fusile de una vez. No sería así sino horas después, en Quito, cuando, como dice Vargas Vila: “El corazón de América se rompió en pedazos. El único Héroe auténtico, yace en tierra; la más alta personalidad bélica y política de un mundo, acaba de caer asesinada por la plebe enfurecida. Lo ultrajan, lo escupen, lo desnudan, le atan con una cuerda los pies y lo sacan a la calle. El éxodo de la muerte principia en ese horizonte de pavor. La hora es de las fieras…”

César Pinos Espinoza

martes, 22 de marzo de 2011

Viaje a la Nariz del Diablo






Diario El Mercurio, de Cuenca, Ecuador.

Domingo 20 de marzo de 2011.

El día inaugural el barrio estaba de fiesta, no así el pueblo de Alausí, no sabemos por qué. Lo vimos indiferente. ¿Acaso no lo invitaron? Pero bueno, el sector lucía bellamente restaurado, parecía revivir el pasado de hace más de cien años. La tribuna principal, la decoración, la banda de músicos, todo estaba a punto. De pronto en caravana llegaron las autoridades, la prensa y los invitados especiales. Vinieron los discursos, los recuerdos, los abrazos, los besos, las alabanzas al Viejo Luchador, y lo que más esperábamos, es decir, el viaje por la Nariz del Diablo, demoraba. Al fin, ¡pasajeros a bordo! Gente de protocolo, guías, ferroviarios, autoridades, chicas con la clásica gorrita, que por ahí vendían a diez dólares, a tomar posición en los coches. Para nosotros comenzaba una nueva aventura en tren, para muchos era la primera. Los coches, los vagones, de diversos colores, por dentro lucían elegantes y cómodos. Indicaciones del personal de protocolo, de los conductores y guías, nos gustó el orden y respeto que imponían; ojalá sea así siempre para que el objetivo turístico no se deteriore. La expectativa crecía, la fama internacional del tramo que pasa por la Nariz del Diablo, iba en aumento para todos.

Historia larga, gozosa y dolorosa

La historia del ferrocarril Guayaquil-Quito es larga, trágica, gozosa y dolorosa. Todo comenzó en 1860 mediante planes, proyectos e intentos. Fue a partir de Yaguachi. En 1874 la primera locomotora llegó a Milagro. El visionario fue Gabriel García Moreno, aquel llamado por Benjamín Carrión el “Santo del patíbulo”. Su trágica muerte el 6 de agosto de 1875 en manos de un colombiano y otros asesinos, eliminó al soñador, pero no al sueño. Ese sueño recién se materializaba. Más tarde prosiguieron Antonio Borrero, el “Hombre de la Ley”; Ignacio de Veintimilla, muy querido por Montalvo; Plácido Caamaño, aquel en cuyo gobierno fusilaron en una esquina del actual Parque Calderón de Cuenca, al guerrillero liberal esmeraldeño, Luis Vargas Torres; luego un poco, como cada uno de los nombrados, Antonio Flores, el hijo del venezolano que dirigió la hacienda del Ecuador desde 1830, y luego Luis Cordero, presidente nacido en Surampalti, acusado injustamente de “vender la Bandera”; y por fin, a partir de 1895, la mano y el genio del “amito Eloy”, el indio Alfaro, único revolucionario ecuatoriano, que completó la obra el 25 de junio de 1908. Y paradojas, ese tren sería el que lo lleve desde Guayaquil a la “hoguera bárbara” en Quito, el vergonzoso 28 de enero de 1912.

“Primero un whisky para ahuyentar al diablo”

El paso del tren por la Nariz del Diablo fue lo más complicado. ¿Cómo superar esa gigantesca barrera natural que en verdad se parece a una enorme nariz? Pues con el genio y la voluntad de don Eloy y don Archer Harman. Sólo así se hizo “el ferrocarril más difícil del mundo”. Difícil porque no únicamente se tuvo que luchar contra los enemigos del régimen liberal sino hasta contra la naturaleza. En el descenso de la provincia de Chimborazo pasó de todo: deslaves, crecientes de los ríos, fiebre amarilla que mató a cientos de trabajadores nacionales y negros jamaiquinos, y lo más grave la maledicencia de la gente que pensaba que el mundo se iba a acabar con el paso del tren y los montoneros, que claro, no eran tan santos que digamos. En ese tiempo todavía no decían que llegan los monos a apoyar al Barcelona en Quito. Cuentan que un día llegó don Archer a Carondelet para contarle a Alfaro que todo lo construido se había ido a pique por el cruel invierno. “Tomemos primero un whisky don Archer para ahuyentar al diablo y luego veremos que se hace”, le dijo el hombre pequeñito e inflexible. Así lo registra también nuestra obra “Historias y Sucesos” (págs. 40 y siguientes. Ed. Unigraf. Cuenca 2007).

Un turista “perdió la cabeza”

El tránsito con dirección a la Nariz del Diablo y Sibambe es cada vez más emocionante. Especialmente los que no habían ido antes, que querían experimentar la adrenalina, el preciso, propio, único y espectacular momento del descenso. La máquina va literalmente pegada a la peña casi vertical. El espacio no es mayor de cuatro metros en la parte más angosta, pero los rieles están en perfecto estado y las durmientes igual sobre una base de ripio, aunque ya no es como antes cuando se viajaba en la cubierta; pero como hace no mucho sucedió una desgracia con un turista extranjero “que perdió la cabeza”, desde entonces han dicho, nunca más. Este tramo fue construido en 1901 y costó un verdadero ojo de la cara, por las víctimas, el valor económico y el verdadero sacrifico de ingenieros y peones. Maricarmen Mier, una turista española me decía una vez después de culminar la travesía, que “al comienzo le dio un poco de miedo, pero luego pasó porque el tren ha sabido ir despacito”. El 14 de septiembre de 2005 con Aída, Patricia, Alexandra, Marcela, Carla y Catalina, estudiantes del colegio Ciudad de Cuenca, pasamos por el lugar; las chicas estaban maravilladas y alguna expresó que era la mejor experiencia de su vida.

Venían de la fiesta de San Jacintito

Nuestro autoferro prosigue su marcha, llega a un extremo de la vía en donde parece concluir la línea, pero de pronto sucede una operación sensacional, en reversa sigue el descenso de la misma forma pegado a la peña por unos doscientos metros hasta el otro extremo de la línea, para repetir la operación y ahora si, de frente casi a nivel del río, continuar hasta llegar a la estación de Sibambe. Un poquito más allá se unen los ríos Guasuntos y Alausí y conforman el Chanchán que luego pasará junto a Huigra. La estación de Sibambe hoy causa la mejor impresión. En 1980 era una simple casucha vieja cuando esa vez llegábamos desde Quito para ir rumbo a Gapal, de Cuenca, junto con Vicente Machuca, y nos esperaba otra máquina, llena de indígenas que venían de la fiesta de San Jacinto de Yaguachi. En la sala de recepción hoy nos esperan muchos vasos de jugo de naranja y refrigerios, un plasma, un bar, fotografías e información alusiva a la historia del ferrocarril ecuatoriano, afuera un grupo de jóvenes hacen una demostración de baile autóctono y subiendo una escalinata hay un lugar muy interesante y explicativo para turistas. De paso les informamos que las salidas del tren son de martes a domingo, en horarios de 08h00, 11h00 y 15h00. Cuesta 20 dólares el pasaje, con descuentos para menores de 18 años.

No entendían lo que estaba sucediendo

Históricamente en la población de Durán se establecieron los talleres que después de los años 80 sólo mostraban, igual que en Riobamba, grandes cantidades de chatarra inservible, razón suficiente para los constantes reclamos de los nuevos ferroviarios. La ruta en la época de oro de la “The Guayaquil and Quito Railway Company”, movida por Archer y Johnn Harman y Edward Morley comenzaba en Durán, recorría varios pueblos de la provincia del Guayas para pasar por Huigra, Alausí, Riobamba, Ambato, Latacunga y concluir en la estación de Chimbacalle, en Quito. Cuando llegó a la capital, González Suárez le envió una felicitación a Alfaro, y momentáneamente se calmaron las pasiones políticas, como que la oposición todavía no entendía lo que estaba sucediendo.

¿Y para el transporte masivo?

En esta última oportunidad hemos recorrido 13.5 km y según dijeron se sigue trabajando en otros frentes a nivel de la costa y la sierra. Es posible que en el año 2012 se concluya toda la obra, un gran avance para el turismo, pero, ¿y para el transporte masivo y de carga que haga competencia al monopolio de los camioneros? No encontramos respuesta. ¿Quedarán para la historia esas viejas imágenes de la gente del pueblo transportando sus productos en la sierra y en la costa? No hay duda que lo que realizó Alfaro en su tiempo es incomparable. El ferrocarril Manta-Portoviejo-Santa Ana, existió hasta 1946. De Bahía a Chone se hizo pero tuvo vida efímera. En el norte hoy se encuentra en servicio de Ibarra a Salinas, hasta San Lorenzo llegó alguna vez, y finalmente de Sibambe a Cuenca, que es otra página del recuerdo.

Le gustaba la gorra de brequero

La inversión actual para rehabilitar el tren es enorme, pero el tren camina. Se trata de 250 millones de dólares hasta el 2012. Tres locomotoras francesas que se usaban en Ecuador y que estaban casi inservibles fueron a España para ser reparadas. Estas no duraron mucho, apenas llegaron al Ecuador en 1998. A un presidente le gustaba ponerse la gorra de brequero. Alguien me contaba que algunos ferroviarios se encargaron de desarmarlas, de repararlas, parcharlas, pero también de “fondearse” las piezas, o por arte de magia, “convertirlas en billetes”. Hubo canibalismo, inercia y corrupción, “las máquinas estaban con hambre y se fueron comiendo unas a otras”, y como son bienes del Estado, “gloria muchachos que el maestro es muerto”. ¡Ay la cultura ecuatoriana! Como dice el cantautor argentino Piero, “Ay, país, país, país…”,

César Pinos Espinoza

domingo, 6 de marzo de 2011

Fiesta en Pucucari






Diario El Mercurio. Domingo 6 de marzo de 2011.

Muy pocas veces se presenta la oportunidad de asistir a una fiesta de campo, pero esta ocasión llegó hace unos días cuando fuimos invitados a la celebración patronal en homenaje de la Virgen de la Nube en el pequeño caserío de Pucucari, perteneciente a Girón.

Pucucari: ¿“hombre búho” o “búho macho”?

Para comenzar, siempre nos ha interesado conocer el origen del nombre, en este caso, de Pucucari. Parece ser una mezcla de cañari y quichua, que como sabemos en un momento de la historia se confundieron, pues siendo el cañari la lengua de una gran nación que comenzaba en Alausí y terminaba quizás al norte de lo que actualmente es el Perú, y sometida por los incas en el siglo XV, adoptó por la fuerza esa lengua, pero no olvidó su habla original sino que “en corto” fue usada en las múltiples localidades cañaris de su extensa zona, por lo tanto no se extinguió y al parecer en algunos casos se mezcló y –como manifestamos-- hasta parece que se llegó a confundir. De ahí que hurgando, encuentro que “pucu” significa en lengua cañari “una especie de búho o lechuza”, y “cari”, en quichua, es “macho”, “hombre”, en consecuencia, “pucucari” significa “búho macho”, o si ustedes quieren, “hombre búho”. Pero no nos vamos a detener aquí, pues el caso queda para vuestro comentario y reflexión.

Verdor, silencio, aves

Lo cierto es que Pucucari nos encantó. Es un lugar ubicado a veinte minutos al norte de Girón tomando la carretera que va por el sector de su Coliseo. Un silencio encantador, las aves están a sus anchas en ese verdor de pastos, eucaliptos, algunos cipreses y hasta unas matas de guineo, que para esa altitud produce el llamado “repe”, muy sabroso y buscado para los locros de poroto, arveja, lenteja y sopa de chifles. Como llegué temprano “para ganar puesto”, tengo la oportunidad de escuchar nítidamente y a los tiempos al chirote, una avecita roja con gris que puede entrar en la mano de un adulto y que “grita” de un modo especial, igual que el mirlo, seguramente para llamar a su hembra, a su macho o cuando han descubierto que ha llegado un periodista entrometido. Pero lo que más me ha llamado la atención es la presencia del “chilalo”, llamado también “hornero”, que como se ve, llega hasta esos lugares, al pie del Masta, es decir, ya en las estribaciones del Nudo del Portete. Entonces, esta avecita muy simpática de colores café obscuro y claro, habita a lo largo de la sierra –por lo que hemos visto-- desde ese punto hasta las provincias de El Oro y Loja. En Alamor, hacen una tremenda bulla todas las mañanas en pleno parque central, despertando a las lindas alamoreñas, para desaparecer durante el resto del día.

Cuy con papas coloradas, gallina criolla y mote pelado

Volviendo a Pucucari, a las diez la banda “Los Auténticos del Austro” ya comienza a animar el ambiente; tocan: “cuánto te amé / cuando te vi /…y tu te fuiste con un policía…” Los policías llegarán más tarde, no a reclamarles a los de la banda sino a jugar voley. Por su parte varias señoras de la comunidad se apresuran en la preparación de los alimentos; hay de todo: cuy con papas coloradas, gallina criolla, mote pelado, ají rocoto, caldo de troncha (creo que mataron una vaca), y por supuesto no puede faltar el buen canelazo, que don José Duque se esmera en brindar a todos los invitados y “nos hace torcer”. Los primeros “cuetes” suenan y la música del “Erik Sonido” hace escuchar a lo largo y ancho de toda la comunidad la canción de Janeth o Maia Montero y José Luis Perales, arreglada a lo rítmico, “Por qué te vas”. La pequeña pero simpática capilla se viste de fiesta, el Síndico enciende todas las luces y las velas y la Patrona ocupa el puesto principal para recibir a los devotos. La banda sigue tocando, el draque sigue circulando y la cabeza se va calentando.

Gracias a la gente de afuera

De pronto, los priostes don José Duque, su esposa doña Carmen Beatriz Illescas y el Síndico don Roberto Lazo, “convocan” a los músicos, “para recomendarles que toquen más fuerte”, y para eso les brindan un “fuerte” y les aplican una fórmula mágica, un tremendo plato “con todas las de ley”, justamente “para músicos”. De allí entonces comenzará su alegría y entonarán “con barriga llena y corazón contento”. Converso con don José Duque y me manifiesta que se siente muy alegre y complacido por la presencia de la gente, con modestia expresa estar emocionado y orgulloso de su hijo el Alcalde y agradecido por los aportes de dinero desde el exterior, especialmente de sus cinco hijos, un varón y cuatro mujeres que se encuentran fuera del país. Pensamos que con seguridad ellos habrán estado atentos a los festejos de su pequeño y querido terruño, quizás añorando a sus seres queridos y sin duda con una lágrima. “Agradezco a la Virgen de la Nube porque me da alegría y valía por mi hijo que nos ha sacado a todos adelante”, expresa don José.

“Debemos apasionarnos por la vida”

En momentos de paréntesis escucho en mi receptor a Radio La Roja y la bella voz de Vianey, o mis canciones de Joaquín Sabina, para reír, meditar o llorar, como “Agua pasada”, mientras la banda, con güiro y guacharaca, toca una alegre melodía. A las 11h15 suenan las campanas llamando a los fieles, en tanto que ya ha llegado la delegación de San Gerardo para su partido de voley. El P. Kléber está presente y por el altoparlante se invita a toda la comunidad para la Eucaristía. Durante el sermón de la misa hay muchas cosas para aprender y meditar: “Dichosos los pobres de espíritu porque ellos serán el Reino de Dios”, dice el padre. “No debemos hacer las cosas por obligación, debemos apasionarnos por la vida, de lo contrario no tiene sentido”. Además recuerda: “Que no sea la fiesta por simple costumbre para gozar y emborracharse, sino que sea para la alegría de Dios”. Y buenas recomendaciones prácticas a los feligreses: “Respetemos la naturaleza, es mejor cerramientos de árboles”, y, “no andar por la nubes ni por encima de los demás…”

Voley, gallos, apuestas y la Consulta Popular

Luego de la misa viene la procesión por la única calle del lugar. La imagen de la Virgen está ante todo, los feligreses junto a ella llevan flores y mil pétalos por el camino a transitar, la banda acompaña con su música, evidente y profundo respeto y fe de los moradores. La tarde se pone gris y amenaza, pero todos los invitados son llamados a la mesa para el almuerzo suculento y de ágil atención por parte de priostes y ayudantes. Al término de la comida una costra de pan con dulce de leche que todos guardamos, es decir, hay que “guanllar”. Converso con varios invitados, entre ellos, Juan Naulaguari y Víctor Barreto, de San Gerardo; no faltan las ocurrencias y el festejo. Luego viene el voley. Están presentes las delegaciones de San Gerardo, Nabón, San Fernando, Santa Teresita, Asunción, Policía y Ejército. Se cruzan las apuestas, suena la banda… Algunos, por si acaso, arriesgan cinco o diez dólares, pero a favor de uno y otro contendor del mismo cotejo, así se queda bien con todos y todos creen que el individuo es un “gran apostador”, pero lo que hace es “salvar la papa de la casa” y como tiene que ir a la gallera el sábado, para que la mujer vote a favor en la Consulta, en ese sitio piensa hacer lo mismo, porque él le ha ofrecido a su media naranja “no perder nunca más y regresar a la casa bueno y sano”.

Sugerencias para la Consulta

Siento que de la fiesta me perdí el “palo encebado” y otros juegos populares que son un encanto y no deben desaparecer. Ahí caería bien como pregunta para la Consulta: “¿Desea Usted que en todos los pueblos del Ecuador nunca falten “el puerco encebado”, “la carrera de patos”, “la carrera de tres pies”, “las ollas encantadas”, “el juego de las moneda en la lavacara”, “el ucuchito” y otras divertidas ocurrencias populares que alegran el espíritu? Sería el origen de una verdadera armonía en nuestro País, para olvidar siquiera unos momentos los dimes y diretes de los políticos de siempre, “que se sacan los cueros al sol” en cualquier momento, sobre todo cuando les tocan en sus fibras más íntimas.

César Pinos Espinoza