domingo, 3 de abril de 2011

Huigra: historias, leyendas y turismo






Diario El Mercurio. Domingo 3 de abril de 2011

Parece que el tiempo se ha detenido en este pueblo; sin embargo, el paso de más de cien años, tiende a diluir los recuerdos de gloria, esplendor y tragedia. Por este y otros casos a menudo me pregunto, ¿acaso el olvido es bueno para los pueblos y los hombres? Consulto al semiólogo italiano Umberto Eco, que responde: “El daño que produce el exceso de estudios históricos que, habiendo alcanzado una complejidad y riqueza insoportables, oprimen la memoria de una cultura hasta tal punto que la tornan inadecuada para la vida. Y, en la onda de estos reclamos vitalistas, surge el llamado a los jóvenes para que elaboren un arte del olvido”. ¿Entonces, será que requerimos del olvido para no sufrir las consecuencias de las buenas y malas experiencias del pasado? Puede ser. Sin embargo a muchos nos encanta el pasado. Bueno o malo, es pasado, es leche derramada, pero apasionante, nos revitaliza. Claro que lo de hoy es emocionante, es un regalo, por eso lo llaman presente, sin embargo, hurgamos algo de lo que sucedió en este bello rincón de Chimborazo con el nombre deformado de Huigra.

Edward Morley en el centro de la historia

Edward Morley se ubica en el origen de la historia de Huigra, es considerado el fundador, en mayo 7 de 1907. Era un inglés dueño de grandes terrenos, que hizo cortar todo un bosque para utilizar la madera en durmientes y carbón que moviera el desquisiado proyecto del ferrocarril Guayaquil-Quito. Así se construyeron las primeras casas para los obreros. El personaje se había casado con una monja llamada Amelia Quezada. Fue el eje de este pueblo destinado a ser un centro importante durante cien años y testigo de muchos pasajes de la historia, del ajetreo de obreros, ingenieros y empresarios extranjeros, de la presencia de sangre negra extraña, de opulencia y comercio, de guerra y regueros de sangre, hasta desembocar en el declive que la historia a todos los pueblos destina.

Debe constar en un capítulo de oro

En 1895, Eloy Alfaro había llegado a la Presidencia de la República tras un cruento golpe revolucionario. Para entonces ya tenía contacto con personajes como Archer Harman y Edward Morley, financistas y representantes de una compañía americana interesada en construir el "ferrocarril más difícil del mundo", como lo bautizara Signald Millar, un ingeniero contratado en Inglaterra para los primeros estudios del tren. De ese modo nació la empresa que inició los trabajos en 1899. Todo esto que conocemos debe constar en un capítulo de oro de la Historia Nacional y ser difundido a lo largo y ancho de nuestra patria, para amarla más, dado que se trata de momentos en los cuales se registra de todo: de sangre, sudor y lágrimas. El 2 de mayo de 1902, llegó la máquina por primera vez a Huigra, y la afluencia de obreros dio lugar al florecimiento de la riqueza y el desarrollo; se construyeron oficinas y viviendas al más puro estilo norteamericano e inglés y se establecieron familias de Guayaquil y del extranjero; poco a poco llegaron comerciantes de diversos sectores de Azuay, Cañar y Chimborazo y también de tierras lejanas como Líbano, Siria, China y otros lugares del mundo. Así se diversificaron las actividades y vino el apogeo económico.

Confluencia de hombres y mujeres

El ferrocarril produjo en Huigra la presencia de personajes extraños como los Morley, Crow Smith, Dingledine, Dobbie…, y los jamaiquinos Douglas, Brown, Terrelonje… y otros. Como era de esperarse también se sumaron ecuatorianos como Teresita Linares, Josefina Salazar, Antonia y Mercedes Loza, Rosita Barragán… y los Medina, los Cisneros, los Bastidas, los Nuques, los Vázquez…en fin. De acuerdo a lo que hemos podido conocer, alrededor de mil hectáreas hacia la margen izquierda del río Chanchán, junto al poblado de Huigra, fueron a comienzos del siglo XX propiedad de la familia Vázquez Malo, de Cuenca; posteriormente una parte de esa hacienda pasó a poder de la familia Espinoza, de la misma ciudad, y luego de la gloriosa llegada del italiano Elia Liut a la capital azuaya el 4 de noviembre de 1920, el piloto tomó en arriendo una parte de esa propiedad para dedicarse al cultivo de tomate y fréjol. Anteriormente la familia Vázquez Malo cultivaba exitosamente fréjol, arveja y otros productos y mantenía en Namsa Grande y Namsa Chico una buena cantidad de ganado vacuno. Todo el sitio se conocía con el nombre de “La Ninfa”.

Elia Liut se refugió en Huigra

Liut, nacido en Fiume, al norte de Italia en 1895, construyó a su propio estilo la edificación principal cuyas huellas todavía se conservan en un restaurant y lugar de hospedaje hacia las afueras del pueblo, incluso perdura parte del piso y hasta una planta de níspero sembrada por el célebre piloto. Permaneció aproximadamente cuatro años con la siembra de tomate de riñón, cultivando una especie mejorada que trajo de su patria. Los resultados de su trabajo agrícola, según dicen, fueron de mucho éxito, pero más tarde al incursionar en la industria de pasta de tomate en el norte del Ecuador, no tuvo la misma suerte, pero también a causa de los gastos desmedidos en fiestas por parte de su esposa, doña Mercedes Angulo, que antes había sido muy adinerada. Su hermano José que también había arribado de Italia prosiguió hasta años después viviendo y trabajando en el pueblo. Un hijo suyo llevaba el nombre de Elia Liut, de quien la gente guarda recuerdos; falleció hace unos años. Luego la propiedad pasó a poder de la Compañía Monolítica, después fue de la familia Chiriboga y por último una pequeña parte en la actualidad es de un señor Chávez, de Guayaquil.

Edificios que se consumen en el tiempo

El colegio Fray Vicente Solano también tiene su parte en la historia de Huigra; apareció para educar y reeducar a jóvenes de otros rincones del país, especialmente de la costa; el P. Daniel Paredes Machuca, cuencano, fue su gestor. Después cerró sus puertas luego de 50 años de servicio. Hoy quieren recuperarlo. En Huigra hace poco todavía quedaba un edificio que había sido un hotel de Edward Morley, a donde llegaba como invitado especial Don Eloy con otros personajes importantes de la época. Hoy, con mucha pena vemos que lo han desbaratado y lo están haciendo de cemento, según ellos, “igualito al anterior”. ¿Qué dirá Patrimonio Cultural? ¿Y qué dirá de los otros edificios antiguos que se caen en pedazos en este pueblo y que son la identidad de nuestra nación?

Los jamaiquinos hicieron historia

Hace cinco años vimos un par de cruces a las afueras del poblado, decían que era la tumba de John Harman, unos de los célebres hermanos norteamericanos que apoyaron a Alfaro en la construcción del ferrocarril, pero que se contagió de la fiebre y murió en el lugar. Hoy, a sugerencia nuestra de años atrás, luce acondicionado un pequeño parquecito, atractivo, nostálgico e histórico, que supuestamente guarda los restos de hombres increíbles; así como más allá, de centenares de obreros procedentes de Jamaica, de los cuatro mil que trajo el Viejo Luchador, la mitad de los cuales perecieron en deslaves, accidentes y enfermedades tropicales, igual que otros, indígenas ecuatorianos. Un hombre llamado Arturo Atkinson asoma de vez en cuando e intenta recuperar esa historia. Y viene al caso, brillantemente, Enrique Gil Gilbert con su obra “Yunga y relatos de Emmanuel” (El Negro Santander), que dice: “A un indio viejo que estaba corcovado sacando piedras con una lampa, le cayó un pedrón rojizo sobre la espalda. Salió de su garganta un gruñido sordo como un gran atorarse. Quedó aplastado con los brazos como sacados por las orejas y las piernas abiertas, igual que los grillos que aplastan los muchachos”.

La hora de las fieras

Huigra es un pueblo visiblemente postergado, pero al mismo tiempo, hermoso, de clima primaveral, verdor y gente buena, digno de ser conocido. Los viejos añoran el pasado de gloria y esplendor, mientras los jóvenes se marchan poco a poco. No hay aún alternativa. En este punto alguna vez, al paso hacia Quito, Don Eloy, preso, en el ocaso de su vida gloriosa, pidió al coronel Sierra que lo fusile de una vez. No sería así sino horas después, en Quito, cuando, como dice Vargas Vila: “El corazón de América se rompió en pedazos. El único Héroe auténtico, yace en tierra; la más alta personalidad bélica y política de un mundo, acaba de caer asesinada por la plebe enfurecida. Lo ultrajan, lo escupen, lo desnudan, le atan con una cuerda los pies y lo sacan a la calle. El éxodo de la muerte principia en ese horizonte de pavor. La hora es de las fieras…”

César Pinos Espinoza

martes, 22 de marzo de 2011

Viaje a la Nariz del Diablo






Diario El Mercurio, de Cuenca, Ecuador.

Domingo 20 de marzo de 2011.

El día inaugural el barrio estaba de fiesta, no así el pueblo de Alausí, no sabemos por qué. Lo vimos indiferente. ¿Acaso no lo invitaron? Pero bueno, el sector lucía bellamente restaurado, parecía revivir el pasado de hace más de cien años. La tribuna principal, la decoración, la banda de músicos, todo estaba a punto. De pronto en caravana llegaron las autoridades, la prensa y los invitados especiales. Vinieron los discursos, los recuerdos, los abrazos, los besos, las alabanzas al Viejo Luchador, y lo que más esperábamos, es decir, el viaje por la Nariz del Diablo, demoraba. Al fin, ¡pasajeros a bordo! Gente de protocolo, guías, ferroviarios, autoridades, chicas con la clásica gorrita, que por ahí vendían a diez dólares, a tomar posición en los coches. Para nosotros comenzaba una nueva aventura en tren, para muchos era la primera. Los coches, los vagones, de diversos colores, por dentro lucían elegantes y cómodos. Indicaciones del personal de protocolo, de los conductores y guías, nos gustó el orden y respeto que imponían; ojalá sea así siempre para que el objetivo turístico no se deteriore. La expectativa crecía, la fama internacional del tramo que pasa por la Nariz del Diablo, iba en aumento para todos.

Historia larga, gozosa y dolorosa

La historia del ferrocarril Guayaquil-Quito es larga, trágica, gozosa y dolorosa. Todo comenzó en 1860 mediante planes, proyectos e intentos. Fue a partir de Yaguachi. En 1874 la primera locomotora llegó a Milagro. El visionario fue Gabriel García Moreno, aquel llamado por Benjamín Carrión el “Santo del patíbulo”. Su trágica muerte el 6 de agosto de 1875 en manos de un colombiano y otros asesinos, eliminó al soñador, pero no al sueño. Ese sueño recién se materializaba. Más tarde prosiguieron Antonio Borrero, el “Hombre de la Ley”; Ignacio de Veintimilla, muy querido por Montalvo; Plácido Caamaño, aquel en cuyo gobierno fusilaron en una esquina del actual Parque Calderón de Cuenca, al guerrillero liberal esmeraldeño, Luis Vargas Torres; luego un poco, como cada uno de los nombrados, Antonio Flores, el hijo del venezolano que dirigió la hacienda del Ecuador desde 1830, y luego Luis Cordero, presidente nacido en Surampalti, acusado injustamente de “vender la Bandera”; y por fin, a partir de 1895, la mano y el genio del “amito Eloy”, el indio Alfaro, único revolucionario ecuatoriano, que completó la obra el 25 de junio de 1908. Y paradojas, ese tren sería el que lo lleve desde Guayaquil a la “hoguera bárbara” en Quito, el vergonzoso 28 de enero de 1912.

“Primero un whisky para ahuyentar al diablo”

El paso del tren por la Nariz del Diablo fue lo más complicado. ¿Cómo superar esa gigantesca barrera natural que en verdad se parece a una enorme nariz? Pues con el genio y la voluntad de don Eloy y don Archer Harman. Sólo así se hizo “el ferrocarril más difícil del mundo”. Difícil porque no únicamente se tuvo que luchar contra los enemigos del régimen liberal sino hasta contra la naturaleza. En el descenso de la provincia de Chimborazo pasó de todo: deslaves, crecientes de los ríos, fiebre amarilla que mató a cientos de trabajadores nacionales y negros jamaiquinos, y lo más grave la maledicencia de la gente que pensaba que el mundo se iba a acabar con el paso del tren y los montoneros, que claro, no eran tan santos que digamos. En ese tiempo todavía no decían que llegan los monos a apoyar al Barcelona en Quito. Cuentan que un día llegó don Archer a Carondelet para contarle a Alfaro que todo lo construido se había ido a pique por el cruel invierno. “Tomemos primero un whisky don Archer para ahuyentar al diablo y luego veremos que se hace”, le dijo el hombre pequeñito e inflexible. Así lo registra también nuestra obra “Historias y Sucesos” (págs. 40 y siguientes. Ed. Unigraf. Cuenca 2007).

Un turista “perdió la cabeza”

El tránsito con dirección a la Nariz del Diablo y Sibambe es cada vez más emocionante. Especialmente los que no habían ido antes, que querían experimentar la adrenalina, el preciso, propio, único y espectacular momento del descenso. La máquina va literalmente pegada a la peña casi vertical. El espacio no es mayor de cuatro metros en la parte más angosta, pero los rieles están en perfecto estado y las durmientes igual sobre una base de ripio, aunque ya no es como antes cuando se viajaba en la cubierta; pero como hace no mucho sucedió una desgracia con un turista extranjero “que perdió la cabeza”, desde entonces han dicho, nunca más. Este tramo fue construido en 1901 y costó un verdadero ojo de la cara, por las víctimas, el valor económico y el verdadero sacrifico de ingenieros y peones. Maricarmen Mier, una turista española me decía una vez después de culminar la travesía, que “al comienzo le dio un poco de miedo, pero luego pasó porque el tren ha sabido ir despacito”. El 14 de septiembre de 2005 con Aída, Patricia, Alexandra, Marcela, Carla y Catalina, estudiantes del colegio Ciudad de Cuenca, pasamos por el lugar; las chicas estaban maravilladas y alguna expresó que era la mejor experiencia de su vida.

Venían de la fiesta de San Jacintito

Nuestro autoferro prosigue su marcha, llega a un extremo de la vía en donde parece concluir la línea, pero de pronto sucede una operación sensacional, en reversa sigue el descenso de la misma forma pegado a la peña por unos doscientos metros hasta el otro extremo de la línea, para repetir la operación y ahora si, de frente casi a nivel del río, continuar hasta llegar a la estación de Sibambe. Un poquito más allá se unen los ríos Guasuntos y Alausí y conforman el Chanchán que luego pasará junto a Huigra. La estación de Sibambe hoy causa la mejor impresión. En 1980 era una simple casucha vieja cuando esa vez llegábamos desde Quito para ir rumbo a Gapal, de Cuenca, junto con Vicente Machuca, y nos esperaba otra máquina, llena de indígenas que venían de la fiesta de San Jacinto de Yaguachi. En la sala de recepción hoy nos esperan muchos vasos de jugo de naranja y refrigerios, un plasma, un bar, fotografías e información alusiva a la historia del ferrocarril ecuatoriano, afuera un grupo de jóvenes hacen una demostración de baile autóctono y subiendo una escalinata hay un lugar muy interesante y explicativo para turistas. De paso les informamos que las salidas del tren son de martes a domingo, en horarios de 08h00, 11h00 y 15h00. Cuesta 20 dólares el pasaje, con descuentos para menores de 18 años.

No entendían lo que estaba sucediendo

Históricamente en la población de Durán se establecieron los talleres que después de los años 80 sólo mostraban, igual que en Riobamba, grandes cantidades de chatarra inservible, razón suficiente para los constantes reclamos de los nuevos ferroviarios. La ruta en la época de oro de la “The Guayaquil and Quito Railway Company”, movida por Archer y Johnn Harman y Edward Morley comenzaba en Durán, recorría varios pueblos de la provincia del Guayas para pasar por Huigra, Alausí, Riobamba, Ambato, Latacunga y concluir en la estación de Chimbacalle, en Quito. Cuando llegó a la capital, González Suárez le envió una felicitación a Alfaro, y momentáneamente se calmaron las pasiones políticas, como que la oposición todavía no entendía lo que estaba sucediendo.

¿Y para el transporte masivo?

En esta última oportunidad hemos recorrido 13.5 km y según dijeron se sigue trabajando en otros frentes a nivel de la costa y la sierra. Es posible que en el año 2012 se concluya toda la obra, un gran avance para el turismo, pero, ¿y para el transporte masivo y de carga que haga competencia al monopolio de los camioneros? No encontramos respuesta. ¿Quedarán para la historia esas viejas imágenes de la gente del pueblo transportando sus productos en la sierra y en la costa? No hay duda que lo que realizó Alfaro en su tiempo es incomparable. El ferrocarril Manta-Portoviejo-Santa Ana, existió hasta 1946. De Bahía a Chone se hizo pero tuvo vida efímera. En el norte hoy se encuentra en servicio de Ibarra a Salinas, hasta San Lorenzo llegó alguna vez, y finalmente de Sibambe a Cuenca, que es otra página del recuerdo.

Le gustaba la gorra de brequero

La inversión actual para rehabilitar el tren es enorme, pero el tren camina. Se trata de 250 millones de dólares hasta el 2012. Tres locomotoras francesas que se usaban en Ecuador y que estaban casi inservibles fueron a España para ser reparadas. Estas no duraron mucho, apenas llegaron al Ecuador en 1998. A un presidente le gustaba ponerse la gorra de brequero. Alguien me contaba que algunos ferroviarios se encargaron de desarmarlas, de repararlas, parcharlas, pero también de “fondearse” las piezas, o por arte de magia, “convertirlas en billetes”. Hubo canibalismo, inercia y corrupción, “las máquinas estaban con hambre y se fueron comiendo unas a otras”, y como son bienes del Estado, “gloria muchachos que el maestro es muerto”. ¡Ay la cultura ecuatoriana! Como dice el cantautor argentino Piero, “Ay, país, país, país…”,

César Pinos Espinoza

domingo, 6 de marzo de 2011

Fiesta en Pucucari






Diario El Mercurio. Domingo 6 de marzo de 2011.

Muy pocas veces se presenta la oportunidad de asistir a una fiesta de campo, pero esta ocasión llegó hace unos días cuando fuimos invitados a la celebración patronal en homenaje de la Virgen de la Nube en el pequeño caserío de Pucucari, perteneciente a Girón.

Pucucari: ¿“hombre búho” o “búho macho”?

Para comenzar, siempre nos ha interesado conocer el origen del nombre, en este caso, de Pucucari. Parece ser una mezcla de cañari y quichua, que como sabemos en un momento de la historia se confundieron, pues siendo el cañari la lengua de una gran nación que comenzaba en Alausí y terminaba quizás al norte de lo que actualmente es el Perú, y sometida por los incas en el siglo XV, adoptó por la fuerza esa lengua, pero no olvidó su habla original sino que “en corto” fue usada en las múltiples localidades cañaris de su extensa zona, por lo tanto no se extinguió y al parecer en algunos casos se mezcló y –como manifestamos-- hasta parece que se llegó a confundir. De ahí que hurgando, encuentro que “pucu” significa en lengua cañari “una especie de búho o lechuza”, y “cari”, en quichua, es “macho”, “hombre”, en consecuencia, “pucucari” significa “búho macho”, o si ustedes quieren, “hombre búho”. Pero no nos vamos a detener aquí, pues el caso queda para vuestro comentario y reflexión.

Verdor, silencio, aves

Lo cierto es que Pucucari nos encantó. Es un lugar ubicado a veinte minutos al norte de Girón tomando la carretera que va por el sector de su Coliseo. Un silencio encantador, las aves están a sus anchas en ese verdor de pastos, eucaliptos, algunos cipreses y hasta unas matas de guineo, que para esa altitud produce el llamado “repe”, muy sabroso y buscado para los locros de poroto, arveja, lenteja y sopa de chifles. Como llegué temprano “para ganar puesto”, tengo la oportunidad de escuchar nítidamente y a los tiempos al chirote, una avecita roja con gris que puede entrar en la mano de un adulto y que “grita” de un modo especial, igual que el mirlo, seguramente para llamar a su hembra, a su macho o cuando han descubierto que ha llegado un periodista entrometido. Pero lo que más me ha llamado la atención es la presencia del “chilalo”, llamado también “hornero”, que como se ve, llega hasta esos lugares, al pie del Masta, es decir, ya en las estribaciones del Nudo del Portete. Entonces, esta avecita muy simpática de colores café obscuro y claro, habita a lo largo de la sierra –por lo que hemos visto-- desde ese punto hasta las provincias de El Oro y Loja. En Alamor, hacen una tremenda bulla todas las mañanas en pleno parque central, despertando a las lindas alamoreñas, para desaparecer durante el resto del día.

Cuy con papas coloradas, gallina criolla y mote pelado

Volviendo a Pucucari, a las diez la banda “Los Auténticos del Austro” ya comienza a animar el ambiente; tocan: “cuánto te amé / cuando te vi /…y tu te fuiste con un policía…” Los policías llegarán más tarde, no a reclamarles a los de la banda sino a jugar voley. Por su parte varias señoras de la comunidad se apresuran en la preparación de los alimentos; hay de todo: cuy con papas coloradas, gallina criolla, mote pelado, ají rocoto, caldo de troncha (creo que mataron una vaca), y por supuesto no puede faltar el buen canelazo, que don José Duque se esmera en brindar a todos los invitados y “nos hace torcer”. Los primeros “cuetes” suenan y la música del “Erik Sonido” hace escuchar a lo largo y ancho de toda la comunidad la canción de Janeth o Maia Montero y José Luis Perales, arreglada a lo rítmico, “Por qué te vas”. La pequeña pero simpática capilla se viste de fiesta, el Síndico enciende todas las luces y las velas y la Patrona ocupa el puesto principal para recibir a los devotos. La banda sigue tocando, el draque sigue circulando y la cabeza se va calentando.

Gracias a la gente de afuera

De pronto, los priostes don José Duque, su esposa doña Carmen Beatriz Illescas y el Síndico don Roberto Lazo, “convocan” a los músicos, “para recomendarles que toquen más fuerte”, y para eso les brindan un “fuerte” y les aplican una fórmula mágica, un tremendo plato “con todas las de ley”, justamente “para músicos”. De allí entonces comenzará su alegría y entonarán “con barriga llena y corazón contento”. Converso con don José Duque y me manifiesta que se siente muy alegre y complacido por la presencia de la gente, con modestia expresa estar emocionado y orgulloso de su hijo el Alcalde y agradecido por los aportes de dinero desde el exterior, especialmente de sus cinco hijos, un varón y cuatro mujeres que se encuentran fuera del país. Pensamos que con seguridad ellos habrán estado atentos a los festejos de su pequeño y querido terruño, quizás añorando a sus seres queridos y sin duda con una lágrima. “Agradezco a la Virgen de la Nube porque me da alegría y valía por mi hijo que nos ha sacado a todos adelante”, expresa don José.

“Debemos apasionarnos por la vida”

En momentos de paréntesis escucho en mi receptor a Radio La Roja y la bella voz de Vianey, o mis canciones de Joaquín Sabina, para reír, meditar o llorar, como “Agua pasada”, mientras la banda, con güiro y guacharaca, toca una alegre melodía. A las 11h15 suenan las campanas llamando a los fieles, en tanto que ya ha llegado la delegación de San Gerardo para su partido de voley. El P. Kléber está presente y por el altoparlante se invita a toda la comunidad para la Eucaristía. Durante el sermón de la misa hay muchas cosas para aprender y meditar: “Dichosos los pobres de espíritu porque ellos serán el Reino de Dios”, dice el padre. “No debemos hacer las cosas por obligación, debemos apasionarnos por la vida, de lo contrario no tiene sentido”. Además recuerda: “Que no sea la fiesta por simple costumbre para gozar y emborracharse, sino que sea para la alegría de Dios”. Y buenas recomendaciones prácticas a los feligreses: “Respetemos la naturaleza, es mejor cerramientos de árboles”, y, “no andar por la nubes ni por encima de los demás…”

Voley, gallos, apuestas y la Consulta Popular

Luego de la misa viene la procesión por la única calle del lugar. La imagen de la Virgen está ante todo, los feligreses junto a ella llevan flores y mil pétalos por el camino a transitar, la banda acompaña con su música, evidente y profundo respeto y fe de los moradores. La tarde se pone gris y amenaza, pero todos los invitados son llamados a la mesa para el almuerzo suculento y de ágil atención por parte de priostes y ayudantes. Al término de la comida una costra de pan con dulce de leche que todos guardamos, es decir, hay que “guanllar”. Converso con varios invitados, entre ellos, Juan Naulaguari y Víctor Barreto, de San Gerardo; no faltan las ocurrencias y el festejo. Luego viene el voley. Están presentes las delegaciones de San Gerardo, Nabón, San Fernando, Santa Teresita, Asunción, Policía y Ejército. Se cruzan las apuestas, suena la banda… Algunos, por si acaso, arriesgan cinco o diez dólares, pero a favor de uno y otro contendor del mismo cotejo, así se queda bien con todos y todos creen que el individuo es un “gran apostador”, pero lo que hace es “salvar la papa de la casa” y como tiene que ir a la gallera el sábado, para que la mujer vote a favor en la Consulta, en ese sitio piensa hacer lo mismo, porque él le ha ofrecido a su media naranja “no perder nunca más y regresar a la casa bueno y sano”.

Sugerencias para la Consulta

Siento que de la fiesta me perdí el “palo encebado” y otros juegos populares que son un encanto y no deben desaparecer. Ahí caería bien como pregunta para la Consulta: “¿Desea Usted que en todos los pueblos del Ecuador nunca falten “el puerco encebado”, “la carrera de patos”, “la carrera de tres pies”, “las ollas encantadas”, “el juego de las moneda en la lavacara”, “el ucuchito” y otras divertidas ocurrencias populares que alegran el espíritu? Sería el origen de una verdadera armonía en nuestro País, para olvidar siquiera unos momentos los dimes y diretes de los políticos de siempre, “que se sacan los cueros al sol” en cualquier momento, sobre todo cuando les tocan en sus fibras más íntimas.

César Pinos Espinoza

viernes, 4 de marzo de 2011

En homenaje a los Héroes del Portete






Diario El Mercurio, de Cuenca, 27 de febrero de 2011.

Girón y el Ecuador recuerdan hoy 182 años de la batalla del Portete y el Tratado firmado en ese pueblo un día después; oportunidad para graficar la Cabalgata en Homenaje a los Héroes, llevada a cabo en días anteriores, y para referir algunos pasajes e historias de personajes del trascendental acontecimiento ocurrido el 27 de febrero de 1829. La mencionada cabalgata se inició en Cuenca con la participación de un buen número de jinetes, siguiendo de alguna manera el camino que hace cerca de dos siglos recorrieron los combatientes, antes y después del choque sangriento que dejara como saldo más de un millar y medio de muertos y un número incalculable de heridos, desertores y desaparecidos.

¿En verdad cuál fue el camino que transitaron los combatientes?

El 27 de enero llegaba Sucre a Cuenca para organizar la defensa; sus espías le dijeron que se aproximaba La Mar. El 28 La Mar penetraba por Macará. El Mariscal de Ayacucho había dispuesto contener a los sureños. De acuerdo al historiador peruano Nemesio Vargas Valdivieso, en su obra “Historia del Perú Independiente”, el 7 de febrero, el coronel francés del ejército peruano Pedro Benigno Raulet “se propuso dar un golpe de mano sobre Cuenca haciendo un movimiento rápido por Yunguilla y Jirón, sobre el flanco derecho y retaguardia del enemigo. La ciudad estaba guarnecida por 400 hombres al mando del Coronel González”. ¿Qué camino siguió el oficial invasor con una columna de 300 soldados desde Girón para llegar a Cuenca sin ser visto por las fuerzas de Sucre?

La historia desconocida del coronel Raulet

A esa fecha, 10 de febrero y al día siguiente, del retorno de Raulet, una columna con O’Leary, Urdaneta, Camacaro y otros, se dirigía a rechazar a los peruanos en el camino de Loja, por lo cual el francés seguramente penetró por la única ruta antigua, es decir, atravesando La Cofradía, o Cuchipirca y El Verde, hasta coronar el Portete y de allí por la planicie de Tarqui arribar a Cuenca, talvez por Narancay o por Turi, todo el recorrido con un paisaje por supuesto muy diferente al actual, agreste y en temporada invernal sumamente difícil. En Cuenca, Raulet sorprendió a la guarnición, que se defendió como pudo, “quemó 1,200 fusiles, se apoderó del parque, de pertrechos, municiones, útiles de guerra y de 1,400 pesos. El 11 se movió á Sayausí, á dos leguas de Cuenca, y de allí mandó los presos á Guayaquil, como ya he dicho en el Tomo IV, pág. 234. Poco después emprendió su retirada por la derecha de Cuenca y se reunió al ejército en San Fernando el 18 de Febrero” (Ob. Cit.) No le pudieron perseguir las fuerzas de Sucre, según se conoce, justamente por el pésimo estado de los caminos. Nueve días después, el desenlace fue sangriento y terrorífico: luego de la derrota en Portete, Raulet cayó abatido en la batalla por una bala perdida, enseguida fue decapitado por los colombianos y su cabeza colocada en una pica, llevada y exhibida por las calles de Cuenca. Decían que es castigo por mercenario. Posiblemente lo fueron algunos. Este y otros casos, trascendieron después en filas enemigas y en el Perú, de modo que estuvimos al borde de una nueva y gravísima confrontación, que quizás pudo repetirse en el pueblo de Girón. Nos salvó la desmoralización peruana, posteriormente la caída de La Mar y los desacuerdos entre los ambiciosos militares peruanos. Mientras tanto, a pesar del brillante triunfo en Portete, Sucre retornaba apenado y sin ganas de vivir, y Bolívar, amenazado por la rebelión de Obando en Pasto y aquejado de tuberculosis, comenzaba a cumplir su presagio de “bajar tranquilo al sepulcro”.

Un recorrido nada fácil, peor en aquellos tiempos

Pero, volviendo a la Cabalgata, se ha querido homenajear al acontecimiento y revivir el recorrido de las tropas defensoras, aunque del todo nunca será posible una exacta reconstrucción de lo transitado. Conté como treinta jinetes. El trayecto de unos 40 kilómetros a partir de Cuenca, no es nada fácil y eso de día y con buen temporal. Vi que todos eran expertos y montaban excelentes cabalgaduras. Alguien comentó días antes en Girón que para ello se requiere de buenos caballos o yeguas que resistan una larga caminata. Y es cuando me vuelvo a preguntar: ¿cómo resolvieron este problema las caballerías colombiana y peruana, sobre todo esta última que venía desde tan lejos?

La Mar, un gran soldado

La Historia es interesante, no hay duda. Cada personaje del hecho del 27 de febrero es un capítulo aparte. Cuenta Nemesio Vargas en su obra, que “La Mar era muy habituado a la vida de campaña y encanecido en el servicio. La Mar era el ejemplo y el émulo de sus subalternos. A las cinco de la mañana se levantaba: recorría las divisiones, presenciaba los ejercicios y no pocas veces se quedaba para tomar el rancho de la tropa, discurriendo alegremente con los Jefes y oficiales, sin descender hasta la familiaridad. Soportaba el sol y las lluvias torrenciales de esos climas con estoicismo espartano, y de noche se arrojaba en la tienda de campaña á dormir sobre su pellón”.

Llega la Cabalgata a Girón

La Cabalgata a partir del puente Rosa de Oro, pasó por la pirámide de Francés Urco y de allí por el filo “que saben recorrer los señores González”, fue pasando por La Victoria del Portete, San Pedro de Escaleras, Irquis y El Descanso de Sucre, para luego descansar en un restaurant hasta el día siguiente. Del Templete tomó la ruta de la boca del Portete por el camino viejo de Celata y Santa Mariana hasta llegar a Girón. Todo el trayecto, a partir del km 24 de la carretera está lleno de grandes cruces en las lomas y esa tradición obedece sin duda al tremendo hecho de sangre del 27 de Febrero de 1829. En Girón desfilaron por las calles, los jinetes lucían frescos, algunos con la vistosa indumentaria del Oeste Norteamericano, y concluyeron en la Casa del Museo de los Tratados, en donde se pronunciaron los consabidos discursos.

Girón fue un gran cuartel

El 26 de febrero y el 27, el pequeño caserío de Girón fue un enorme cuartel peruano. Por la tarde de este día los generales estaban desconcertados, Gamarra dejó la “palidez de cera”, que según narran, le acompañó en momentos de la batalla, y ahora pensaban en lo que sobrevendría después en el retorno, aunque a algunos, todavía les quedaba, por dignidad, el deseo de revancha, que por suerte no prosperó. Luego de la firma del Tratado, casi por presión de Sucre, el regreso fue no menos trágico. Los que no murieron en el Portete, desertaron y se quedaron en los pueblos del Azuay, El Oro y Loja, o encontraron la muerte a causa de las enfermedades tropicales. Para el Perú fue una verdadera tragedia, consecuencia de ambiciones personales. Nuestro libro “La Batalla del Portete, Argumentos y Memorias”, narra con detalle todos estos acontecimientos.

El fin trágico de algunos héroes

La fecha cívica de la Batalla del Portete muy poco se la recuerda en el Ecuador y casi nada saben de ella los Estudiantes. El cuencano Mariscal La Mar, que como Presidente del Perú y Comandante en Jefe de sus ejércitos estuvo al frente de los invasores, conjuntamente con Gamarra, Orbegoso, La Fuente, Plaza, Salaverry y otros personajes de las guerras de la independencia, ha sido tildado de traidor. No hay razón. El Ecuador todavía no existía como tal, sino desde el 13 de mayo del año siguiente, es decir 1830. Las razones para invadir fueron otras. Los héroes grancolombianos, por su parte, merecen hoy siquiera una mención: Sucre, O’Leary, Rafael y Luis Urdaneta, Flores, Braun, Wright, Piedrahita, Camacaro, Nadal, Vallarino, Isidoro Barriga, Sáenz, Sándes, Febres Cordero, Abreu y Lima y tanto otros, la mayoría caídos posteriormente en desgracia. El Gran Mariscal, asesinado infamemente en Berruecos el 4 de junio de 1830; Luis Urdaneta fusilado en Panamá; Mariano Castillo, sobreviviente de la matanza del 2 de agosto de 1810 y salvado de fusilamiento en el Perú, se suicidó en Paita; Sáenz, hermano de Manuelita, ajusticiado en Pesillo; el guerrero, escritor y periodista brasileño de ideas socialistas, héroe del Portete, Abreu e Lima, condenado a cadena perpetua en su tierra; Gamarra, después de ser presidente del Perú, muerto en la batalla de Ingaví, contra los bolivianos; su coterráneo Salaverry, que llegara a Mariscal a los 30 años y presidente del Perú, terminó fusilado; La Mar, desterrado a Costa Rica, sólo acompañado de sus seis esclavos negros; el mulato venezolano Camacaro, héroe de los jóvenes de Girón, fue levantado en vilo con una lanza por el coronel peruano Nieto un poco más abajo de Cuchipirca. Son únicamente unas pocas muestras de aquellos que, como pago a su heroísmo por la causa de la Independencia poco antes, y respondiendo a la época, engrosaron la larga lista de verdaderos personajes que el periodista y escritor cuencano Manuel J. Calle llamó “el tiempo heroico”.


César Pinos Espinoza