lunes, 3 de junio de 2013

REPORTAJE:La increíble aventura de la Luspa






Al joven excursionista extraviado en aquella ocasión nadie lo buscó, ni se supo de patrullas inmediatas, ni helicópteros, ni nada. Sin embargo, la montaña que lo asustó, le perdonó, y hoy vive para contarlo. En otros casos similares ciertos jóvenes cuencanos no corrieron la misma suerte, simplemente la montaña los mató sin piedad, causando profundo dolor a sus seres queridos. Esto hace talvez unos cuarenta años. En el caso vivido, la laguna Luspa, talvez la más grande del Parque Nacional del Cajas y la más hermosa, en aquel momento fue testigo mudo de la presencia de un grupo de jóvenes, chicos y chicas que habían llegado procedentes de Cuenca, pasando por la posada de don Lizardo Guevara para disfrutar del hermoso paraje durante una tarde, una noche y la mañana del día siguiente. Todo siguió igual a lo previsto y casi nadie del grupo se dio cuenta de que alguien de ellos había desaparecido a eso de las nueve de la mañana, y siendo las siete de la noche, todavía no encontraba el camino para salvarse de una tragedia segura. De pronto, ya en la oscuridad, desde la cuchilla que queda al frente de la Toreadora, el joven divisó una luz a lo lejos y fue su salvación. Era la casa de don Lizardo, a donde llegó entre caídas y levantadas, con su ropa hecha pedazos y su cuerpo ensangrentado, al cabo de doce horas de extravío. “Ha vuelto a nacer. Aquí el que se pierde, se muere”, le dijo el dueño de la posada. “¡Usted es la excepción, se ha producido un milagro!”.


La Luspa es una verdadera maravilla
Hace unos días hemos vuelto al lugar del suceso. Ahora por otra ruta, muy fácil; a la anterior la respetamos profundamente, aunque muchos jóvenes excursionistas la atraviesan de modo permanente pero muy bien equipados y sin equivocarse en nada, “porque la montaña no perdona errores”. Aprendimos, y hoy enseñamos, que se requiere de un magnífico estado físico, mucha atención a los detalles que muestra el trayecto, que no hay que caminar solos, que hay que comunicar hacia dónde vamos y por dónde, que hay que tomar en cuenta el temporal y las circunstancias de la neblina, de la posible lluvia y la ventisca, las indicaciones y orientación del GPS, del reloj y la temperatura, del tipo de calzado, los primeros auxilios y el correspondiente equipo de andinismo. Con esas condiciones, podemos aprestarnos a presenciar el más hermoso espectáculo de la naturaleza. La Luspa es una verdadera maravilla de impresionante silencio y paz, sus aguas con un ligero movimiento por efecto del viento, se asemejan a surcos de jardín con tierra preparada para la siembra de flores. Las montañas que le rodean se muestran imponentes y respetables. Por exceso de confianza y por ingenuidad, sucedió lo que sucedió hace décadas, por suerte, sin concluir en lo peor.








El Camino Real entre la Luspa y la Llaviuco
La carretera de pavimento rígido y bien señalizada comienza en el Medio Ejido, pasa por un costado de Sayausí y avanza hacia Quínoas y la Casa Vieja de los herederos de don Lizardo Guevara, luego atraviesa el control vehicular y asciende hasta Tres Cruces. De allí, mirando hacia arriba a la izquierda parece imposible que un ser humano, de noche, sin siquiera una linterna y sin conocer el camino, haya podido transitar y sobrevivir hace décadas, justo atravesando la cuchilla frente a la Toreadora. Hoy continuamos por la vía y desde la cima vemos un amplio panorama con dirección a Migüir, Molleturo y la costa. En el km 42 nos detenemos. Allí se encuentra un pequeño restaurant llamado “La Trucha”, en donde dejamos el vehículo y después al regreso nos serviremos un sabroso plato y un aromático jarro de humeante café. Por allí está el ingreso a la Luspa. No existe señalización, debería haberla, sobre todo para el caso de una sorpresiva neblina, aunque no es recomendable transitar en horas de la tarde. Con GPS en mano, por si acaso, en 20 minutos de ligero ascenso ya se divisa la laguna y en 20 minutos más se llega al filo de la misma. La Luspa es quizás la más bella de todo el Cajas. Se puede rodear sus 5 km de perímetro en unas dos horas. Por allí se encuentra el Camino Real que conduce hacia la laguna de Llaviuco o Zurocucho en un recorrido de doce horas.






Ciertos turistas no respetan
En la orilla de la Luspa descansamos. Los pajaritos se aproximan curiosos e ingenuos; vuela por allí un pequeño cazador; el suelo está cubierto por una alfombra verde, “tejida con manos increíbles”, húmeda y frágil, decorada con flores blancas y amarillas; la paja custodia esa milagrosa generación del agua a una altitud de 3545 msnm y una temperatura fresca de 16 grados. Por la noche la temperatura baja notablemente, que al no estar convenientemente equipados, puede ser grave. En nuestra pasada aventura, a las seis de la tarde comenzó el frío, pero siempre teníamos presente que no debíamos dejar de movernos, porque el descansar significaba y significa adormecimiento y dulce sueño, el último,  “riéndose”. En caso de extraviarse --no se debe olvidar-- no hay que perder la serenidad y la cabeza fría, hay que buscar un sitio algo abrigado pero siempre permaneciendo en movimiento; dicen que cuando se camina en esas circunstancias, se lo hace inconscientemente en círculo, no se avanza y no se sabe por qué. La recomendación fundamental es cuidarse de las trampas del camino que pueden ocasionar lesiones graves en las extremidades que a la postre resultan fatales, por la imposibilidad de caminar. El sitio en referencia es increíblemente hermoso, imponente, respetable, la montaña ofrece un verdadero deleite y espectáculo. Ahora al paso, vemos que algunos turistas aún no han aprendido la lección de otros, que esos sitios merecen la máxima veneración y cuidado; todavía arrojan desechos plásticos y basura. No se dan cuenta que ese inmenso paraje es hábitat de pequeños mamíferos, aves y una vegetación única, frágil y susceptible de destrucción, razón por la cual hay que guardar las normas elementales.
Difíciles momentos en la oscuridad
Desde el frente del pequeño islote de la Luspa, luego de un ligero descanso, en aquella ocasión ya lejana en el tiempo, emprendimos enseguida el imprudente regreso para rescatar nuestra mochila de la acémila que se había empantanado, y fue cuando perdimos el camino y con la niebla que bajó sorpresivamente al medio día, todo se confundió. Comenzó a oscurecer después de las  seis, pero unas cascaritas de naranja cambiaron para nosotros el rumbo de la historia, fue el primer indicio del camino, del que no debíamos separarnos jamás, hasta llegar a la cuchilla y divisar la luz salvadora de la posada; de allí, paso a paso, de rodillas, como fuere, hasta perderlo de vista definitivamente más abajo, fuimos caminando por el pajonal, en ascensos y descensos, en caídas y levantadas, pero todavía con la esperanza, ¡ah la esperanza! de llegar con vida. ¿Cuántos kilómetros caminamos? No sabemos. Talvez diez o más, porque no es posible hacerlo en línea recta. Y llegamos donde el hombre que ya desapareció de la vida y conocía muchas historias como la nuestra, que a lo mejor debió haberla contado, como la del motociclista, como la del joven hijo de un personaje cuencano, como la del profesor de deportes y tantas otras. Desde entonces hemos vuelto, para recordar, para reconocer y reflexionar, y para tratar de hallar una explicación…que todavía no la encontramos…

César Pinos Espinoza
www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com

sábado, 1 de junio de 2013

REVISTA Clubes on line No. 1

REPORTAJE.

Caminos y viejas historias de Rumipamba
No hay duda que la curiosidad es madre de muchos conocimientos. Con este principio nos hemos puesto a caminar por senderos solitarios, que siendo muy cercanos, jamás nadie ha preguntado por ellos. Es el caso del caserío de Rumipamba, a corta distancia al sur de Girón. Hoy el camino antiguo, que según nuestro cálculo tiene alrededor de 200 años, casi ha desaparecido, sin embargo queda huellas. Transitamos por una vieja carretera que se encuentra en regulares condiciones y por un corto tramo vecinal poco menos que desastroso. Dicen algunos habitantes que el Municipio de Girón ha ofrecido arreglarlo, pero ya van ocho meses y nada.







Los bólidos de hace 50 años
Partiendo de Girón se recorre por la antigua carretera panamericana, que todavía resiste debido a que fue muy bien construida en épocas pasadas y mantenida con un lastre extraordinario, pero eso sucedió hace 50 años. Queda aún el puente de Santa Ana, que como obra de ingeniería antigua, del tiempo de Velasco Ibarra y el Ingeniero Isauro Rodríguez, es una maravilla que no le altera ni el peor invierno. Quién creyera, por esa vía muy angosta transitaban hace 40 años los pioneros del transporte colectivo, como los Bueno Hermanos, y por esa misma ruta pasaron causando euforia y admiración los veloces autos Ford y Chevrolet de la primera, segunda, tercera y cuarta Vuelta a la República, sin que nunca suceda accidente de gravedad alguno, era el tiempo de Larrea, los Dumani, los Cucalón y otros. La primera vez en 1955 ganó Luis Larrea; en 1956 Ernesto Jimmy Salazar; en 1957 y 1960 nuevamente Larrea, con su inolvidable Ford blanco numerado con el 1 y amarrado el capó y las puertas con correas de cuero. ¡Qué tiempos aquellos! Sólo recordamos un grave accidente unos metros antes del puente, cuando una vieja camioneta se fue a la quebrada y perdió la vida un joven ocupante.
Romerillo, arrayán, guarumo y alisos
Por el otro lado, en el camino viejo todavía quedan unan casas antiguas que fueron “quintas” y aunque han resistido el paso del tiempo, tienen los días contados. Luego está la “laguna de oxidación”, que de oxidación no tiene nada, de laguna sí, pero cubierta de una lava verde, de donde se desagua el líquido pestilente hacia el río Girón, contaminándolo por completo. Sin duda ese pequeño valle es hermoso, aunque no complementa el paisaje el río Girón que en épocas de sequía corre casi imperceptible, pero a partir de allí y hacia el sur por territorios de Pichanillas y Yunguilla, todavía crecen especies vegetales como el romerillo, la malva de arrayán, los alisos, el guarumo plateado, la chilca, el floripondio y el laurel de cera. Algunos cuentan que antes existían también la cascarrilla, el cedro y el laurel, pero no los hemos visto.
Quimbolitos, chumales y papas coloradas
Y bien, proseguimos hasta llegar al poblado en donde encontramos a don Rosendo Pacheco, quien caminando por allí nos manifiesta su preocupación por el caso “arete de los vacunos”: Dice: “pagamos 7 dólares por cada arete pero como los animales se siguen reproduciendo, ¿acaso debemos seguir pagando por las crías? La incomodidad ronda por allí porque es poco lo que tienen, motivo por el cual este asunto debe ser revisado, especialmente en el caso de los que poseen tres o cuatro semovientes. La gente vive de la agricultura, pero por la migración no hay quién trabaje y los jóvenes se van a la ciudad a laborar como albañiles y así el campo queda vacío. El lugar cuenta con una escuelita “Daniel Alvarado” a la que asisten 25 niños y niñas y tienen los elementos esenciales para la enseñanza, como pupitres y pizarrones, pero faltan unas dos computadoras y la atención alimentaria, médica y odontológica. Su director es Milton Ojeda que está presente aunque haya vacación para los estudiantes. Mientras tanto, doña Delia Córdova, su esposa y familiares visitantes, enseguida nos invitan a servirnos unos chumales o humitas, unos quimbolitos y unas papas coloradas de cuy, de esas que según dicen, son mejores que el propio cuy. Para nosotros es como una pequeña fiesta con alegría en los rostros de todos y el relato de cosas curiosas.  Cuenta don Rosendo que esos lugares eran antes montaña pura sin habitantes y que un día hace mucho tiempo, llegaron unos militares derrotados después de una guerra –probablemente luego de 1941— pero el caso es intrigante porque dice que un hombre oriundo del norte habitaba en una cueva. ¿De quién huía o por qué se escondía? Este se mantuvo tres meses comiendo frutas, se curó de su herida de bala en la pierna y llegó caminando hasta Rumipamba, que era un lugar solitario, tomó una esposa y fundó una familia y junto con un hermano venido desde el norte se repartieron unas tierras y se multiplicaron.
Momento para contar anécdotas
Hoy es una zona de clima abrigado en donde se producen naranjas, chirimoyas, mandarinas, oritos, aguacates, guabas, guineos pigmeos, café y repe. Doña Delia me cuenta que tiene pena cuando se van sus hijos, incluso del “ultimito” llamado Edison que estudia en Girón, y siente mucha alegría cuando vuelven. ¿Quién no? Dicen que por allí existe un lugar muy bonito, “con una cruz que se enciende como diamante, cuevas grandes y hasta asoman curinquigas y unas paredes con huecos hechos por los incas”. Además existen aguas un poco saladas que la gente utiliza para el ganado. Más allá queda la hacienda de Chalcapa de paso a Pichanillas. Yo también les cuento una que otra anécdota y les invito a que nos escuchen a través de la radio. Les relato que hace muchos años, quizás cuarenta, estuve por allí de paso hacia la hacienda de don Antonio Abad cabalgando en junta de varios amigos y que al regreso, uno de ellos se quedó dormido bajo las patas de un caballo, y así con hambre y con sed tuvimos la suerte de ser atendidos generosamente por la familia Guzmán; el mayor de todos, don Honorio, nos alimentó y arregló el correaje de las acémilas, y sus hijas no salían del asombro al vernos, aunque eso no era del entero agrado de su padre, porque era muy celoso; las chicas eran jóvenes campesinas bellas a quienes veíamos por primera vez, y de quienes por supuesto también nosotros guambras, quedamos flechados. Conozco que hoy sólo sobrevive una de las hijas, Adelina, y de la casa, hay únicamente escombros.
Por allí transitaron miles de soldados
Después del desastre para los invasores peruanos en Saraguro al amanecer del 13 de febrero de 1829, dice Nemesio Vargas Valdivieso, “un ataque súbito difundió el pánico en la división Jiménez”; es que sorpresivamente los defensores colombianos, entre los cuales se contaban como jefes los ya legendarios Luque, Camacaro, Urdaneta y Braun, aprovechando que “la gente dormía a pierna suelta en la plaza de Saraguro y creyéndose acometida por todo el ejército enemigo (los colombianos), se entregó a la fuga, despeñándose por Quebrada Honda, camino a Loja”. Y reflexiona el autor que “ese mismo día o al siguiente, pudo el enemigo atacarnos por la retaguardia…Sucre (sus tropas) prefirió retirarse a Nabón…” Refiere Vargas que ese día Gamarra supo en el sitio de La Papaya sobre la derrota peruana y “en lugar de retroceder, aceleró su marcha hacia Poetate”, y en general todo el grueso de la tropa con Necochea y La Mar el 14 pasaron a Yunguilla, “establecieron el cuartel general en Sulupali y el 15 estuvieron en la Hacienda de Lentag, a 4 leguas de Jirón”. El 16, 150 hombres, pasaron a San Fernando y Chumblín, no hay duda que por la ruta de La Asunción, Pueblo Viejo y Santa Rosa. Mientras tanto, Sucre había mandado a cortar los puentes de Rircay y Ayapamba, “para aumentar la dificultad de nuestra posición”. El puente de Ayapamba se encuentra un poco más abajo de Rumipamba. El río Rircay que nace en las alturas de San Fernando y San Gerardo, por el sitio que caminamos presenta una hondonada al pie de la “piedra del aerolito” y un poco más abajo se unen las aguas del Rircay y el Girón para luego avanzar hacia el sur por Pichanillas. Entonces, fue por aquí --y lo sigue siendo-- el paso obligado de los antiguos, atravesando los puentes del Rircay o Ayapamba para salir en Girón con dirección a Cuenca. Si es por el puente de Ayapamba se pasa por Rumipamba, y si es por Rircay, un poco hacia el oeste, se atraviesa Santa Ana y en ambos casos se llega a Girón. Justamente nos hemos encontrado en el punto desde donde se divisa todo el panorama y la ruta precisa, es como un corte topográfico o cañón, atravesando el cual desde hace muchas décadas fue un chaquiñán y camino de acémilas que unía a Zaruma, Portovelo y Piñas, pasando por Panupali, Uduzhe, Manú, Yunguilla, Lentag, Rircay y Girón. Qué hermosos todos estos recuerdos, y lo serán mucho más para aquellos ciudadanos ya de noventa y más años de edad que todavía viven y que cabalgaron por esos rincones días enteros, y para el tiempo de los héroes, toda una odisea, increíble pero cierta.

César Pinos Espinoza
www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com

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jueves, 30 de mayo de 2013

UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA EQUINOCCIAL PROMOCIONA VIII CONCURSO DE PINTURA Y DIBUJO





ESTE EVENTO A NIVEL UNIVERSITARIO SERÁ EL 22 DE NOVIEMBRE DE 2013.

HUGO MARTÍNEZ ROBLES, REPRESENTANTE DEL DEPARTAMENTO DE CULTURA DE LA UTE (I) PROMOCIONA EN CUENCA Y LOJA EL EVENTO. ENTREVISTA EN RADIO CUENCA.