



ESPACIO DESTINADO A ESTUDIANTES Y AMANTES DE LA LECTURA Y LA INVESTIGACIÓN
Ahora el bus baja aceleradamente por la carretera en el extremo sur de la cordillera de Cordoncillo. Pasamos minutos antes por el lado norte de Podocarpus desde donde se admira el hondo valle que cobija a la hermosa ciudad de Loja. Quedan para una visita minuciosa posterior esa ciudad y Catamayo, mejor dicho tantas otras de la provincia sureña que son un verdadero encanto. El comienzo de la carretera hacia Zamora es un espectáculo: descenso, curvas, verdor de bosque inmenso, arriba inaccesible, desolado, vista hermosa, abismos, abajo, uno que otro punto que señala caminos y en el fondo, el río Zamora en sus inicios y en ruta apurada hacia la hoya amazónica. En una hora y media hemos llegado a Zamora, ciudad ahora moderna, rodeada de verdes montañas y ajetreo de gente que viene y que va. Luego pasamos por Zumbi, pueblo ardiente y alegre y dos horas de viaje más allá arribamos a Guayzimi, cabecera cantonal de Nangaritza.
Muchos lugares para deleite turístico
Sin pérdida de tiempo buscamos información en el Municipio y encontramos a don Franco Troyani, que dedica generosamente más de una hora a atendernos y conversar sobre muchas cosas. Guayzimi obtuvo su decreto de cantonización que fue publicado del 26 de noviembre de 1987. El nombre de Nangaritza se deriva de la palabra shuar “Nankais” que significa “Valle o río de las plantas venenosas”. Se la conoce también como “El Paraíso ecológico del Ecuador”. Tiene una población de más de cuatro mil habitantes, el 65% vive en las urbes y el resto en el campo. Los lugares turísticos más destacados son: El paisaje del mirador del Nangaritza, su puerto y playas de Las Orquídeas; las comunidades, cuevas y cascadas de Kusunts; la cueva de El Gallo; la cascada de Shaimi; El callejón sin salida; la cueva de Los Tayos; Nuevo Paraíso; La Cascada y cueva del Yayu; la cueva de El Lagarto; El Saladero Verde; El Mirador y Túnel de Yawi; Comuna, Saladero y Mirador de Chumpias; Comuna, río, cascada y cueva La Mariposa; Cascada y Mirador Saar-Etza Nayump; y la famosa y poco conocida Ciudad Perdida, de la cual hablaremos en otra oportunidad.
Nangaritza, al pie de la Cordillera del Cóndor
Manifiestan que hoy el cantón Nangaritza todavía no tiene un territorio definido. “En 1981 el Perú le cercenó gran parte de territorio y en la guerra no declarada de 1995 se puso en peligro a los habitantes al ser, parte de la Cordillera del Cóndor, sembrada de granadas y explosivos”, según dice un informe que se publica en la página web del Municipio, lo cual atenta contra la seguridad de personas y ganado. En 1999, al obtener Paquisha su cantonización, se desmembró a Nangaritza, y por último en 2005, la Comisión de Límites Internos, CELIR, decidió que el sector de San Francisco pase al Cantón Centinela del Cóndor, obviamente causando malestar en los habitantes de Nangaritza. Don Franco, oriundo de Macará, expresa que la Cordillera del Cóndor está a diez kilómetros del centro de Guayzimi, en donde nos encontramos. Es un magnífico anfitrión y guía que conoce todo desde hace mucho tiempo en que se encuentra viviendo en el lugar. Según él los hitos en esa parte de la frontera o sea en el Cóndor están definidos, “en 1981 no perdimos territorio, pero sí en 1995”, asegura, esto es en referencia al pedazo de terreno de Tiwinza, con que nos contentaron esa vez. En el primer caso nuestras tropas penetraron más allá de los hitos y fueron sacados de allí por los peruanos. Para los colonos el asunto parece estar claro en cuanto a límites, no así para el resto de ecuatorianos, pues los lugares limítrofes son casi inaccesibles y no existen vías de comunicación. En suma, aquí las fronteras vivas son un mito, los mineros en sus concesiones saben más del asunto y de igual forma los nativos shuar, para quienes en realidad desde épocas muy antiguas no existen fronteras. Conforme a lo que vimos y lo que nos cuenta don Franco, ya existe desde hace algún tiempo el daño ecológico causado por la presencia de compañías mineras que se ven obligadas a construir carreteras para tener acceso a la parte ecuatoriana de la Cordillera. Ese daño ambiental con motivo de la minería data de hace algunos años y es justamente lo que el Estado Ecuatoriano quiere actualmente someter a control, en lo cual mucha gente de allí está de acuerdo.
Colonos azuayos y lojanos fueron los primeros
En todo caso inicialmente esas tierras hace cincuenta años estaban en poder de los nativos y a través de las décadas fueron vendidas poco a poco a los colonos llegados especialmente de Azuay y Loja, que las compraron para criar ganado, cuando necesariamente tenían que talar el bosque y sembrar pastos. Hoy en Guayzimi predominan entre otras, las familias Zhiñín, Quezada, Sanmartín, Jaya y otras de Loja y Azuay. Lo interesante es que no se descuidaron de dejar alrededor de cien hectáreas para la construcción del pueblo, es decir en donde actualmente se asienta Guayzimi. Nuestra entrevista con don Teófilo Zhiñín (73) no podía faltar, y del mismo modo, destinó más de una hora para conversar y contarnos la historia desde su niñez y arribo a lo que hoy es Nangaritza. Salió de su casa a los doce años de edad porque eran pobres y sin haber siquiera terminado la primaria en su natal comunidad de Sinchay, cerca de Girón; cuando joven fue por el camino de Moisol arriando cinco reses a desafiar al mundo, cruzó el camino hacia la actual vía a Loja a la altura de La Jarata para probar suerte, le fue muy difícil porque hasta se le burlaban cuando le veían tras el ganado y decía que se iba al Oriente, por supuesto muy lejos, en la época en que un vehículo pasaba muy rara vez, pero lo consiguió, y luego de una verdadera odisea se adentró por la ruta de Loja hacia Zamora y poco a poco fue llegando a su lugar actual; retornó a Girón más tarde, en seis años había ganado cuatro mil sucres y en su tierra convenció a su hermano mayor Adolfo, para que también se fuera con él; poco tiempo después falleció Adolfo. De todo tuvo que aprender y hasta en esos avatares una vez le robaron la plata del trabajo, pidió ayuda e inclusive aprendió a curar de forma natural y así se ganó la voluntad de los nativos y los colonos. Procreó ocho hijos, y ya no piensa volver a Girón, esa es su nueva tierra y vive junto a otras familias, también del mismo origen, caso de los Duque, Illescas, Zhingre, Lalvay y Arpi. Pienso que si pudiera, él escribiría un libro relatando sus aventuras y esa obra fuera de lectura obligada para los ecuatorianos que ante el primer golpe de la vida, decaen y se decepcionan.
Nangaritza es tierra enigmática
De Guayzimi y Nangaritza hay mucho qué hablar, todavía no hemos llegado a los lugares turísticos que están en el Alto Nangaritza, pero ya iremos, son un enigma, aunque para los habitantes de allí, no representan historia más allá del medio siglo, lo que para nosotros va muy lejos, hasta el siglo XVI. Eso sí, para ellos significan riqueza turística pero necesariamente se requiere de buenas vías de comunicación, en lo cual recién se ha comenzado. El asunto minero es punto aparte, muchos viven de eso, como lavadores u obreros de las empresas, pero están conscientes del cuidado del agua y al mismo tiempo de una minería racional y muy cuidadosa. Ojalá sea así, porque no existe otra forma. Dejar los celulares, los electrodomésticos, el cableado y los autos, es imposible. Seguiremos motivando para el cuidado de lo más precioso que tienen, ya mucho se ha deforestado a lo largo de las décadas, la ganadería también afecta y es urgente el control en todo sentido. Lo de la Ciudad Perdida, para los habitantes de Nangaritza es casi un mito, aunque algunos dicen que ya han llegado a esos lugares, pero científicamente nada se sabe. Seguiremos tras ese mito.
César Pinos Espinoza
www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com
Camino por las calles de Zumba en busca de algo que me acerque a la “Ciudad perdida”. No es por aquí me dice don Noé, “vaya por la vía de Palanda, de allí a dos días, pero lleve una arma porque puede asomar el tigre que se para en dos patas y araña los palos”. En verdad, me infundió un poco de temor, pero de eso se trata para que sean más interesantes y emocionantes las aventuras. En todo caso nos dice que son lugares inhóspitos, y mejor que sea así, para que no se los atropelle y no sean de fácil saqueo.
“La Ciudad Perdida” de Logroño
Entonces, sobre la “Ciudad perdida”, he aquí lo que encontramos del P. Juan de Velasco en su célebre obra Historia del Reino de Quito: Fue en 1599. Se sublevaron los jíbaros, al mismo tiempo que los araucanos en Chile, e hicieron barbaridades. Todos al mando del famoso Quiruba, ingresaron 20 mil indianos sobre Logroño y Sevilla. En Logroño, habitada por doce mil blancos y mestizos, primero capturaron al Gobernador que era un hombre ambicioso de oro, lo desnudaron y le hicieron tragar oro derretido; mataron a todos, incendiaron las casas una por una buscando a escondidos y sólo quedaron mujeres jóvenes, incluidas las monjas, a quienes se las llevaron. La destrucción fue similar en Sevilla a 25 leguas. Nadie los pudo defender. 32 años más tarde descubrieron los restos del horror, pero pasarían más de cien años para ingresar y tener una idea de todo lo ocurrido e incluso para evidenciar el mestizaje con las monjas españolas y ciertos recuerdos de la catástrofe. En algún lugar de la zona vimos una ocasión un niño shuar con todas las características de su raza, pero con ojos azules. El franciscano P. Jervis Donoso conoció la “Ciudad perdida”, me relata, se encuentra en el alto Nangaritza, y me parece que es en la misma zona donde hace aproximadamente siete décadas los jíbaros mataron a colonos que buscaban oro, entre ellos a Froilán y Albino, dos jóvenes oriundos de Girón. De paso, me cuentan los franciscanos, que desde Cuenca hubo migración hacia la zona de Zumba para escapar de la guerra de la Independencia y también para explotar riquezas naturales de esos lugares, con destino a centros de acopio como las haciendas de El Tablón, de Oña; Tutupali, hacia el oriente de ese cantón, y La Papaya, en los calientes de Saraguro.
Viaje a La Balsa, límite internacional
En un momento de la madrugada antes de ir a La Balsa, en la tele alguien recuerda la cita de Einstein: “No creo que Dios nos haya puesto cosas más allá de lo que podríamos entender…sólo nos pide que las busquemos con vehemencia…”; y luego: “Dios no juega a los dados”. Con estos estímulos, sin pretender conocer ni entender todo porque es imposible, pero convencidos de que “nada es un accidente”, nos apuramos para una nueva experiencia. Desde el casi solitario terminal tomamos una ranchera para dirigirnos al extremo sur del territorio ecuatoriano, el pequeño caserío y puente internacional ya nombrado. Dicen que se llama así porque antes se atravesaba el río en una balsa, hoy el puente parece un adorno, pues casi no existe tránsito vehicular, lo atraviesan peruanos y ecuatorianos en mayor número los domingos para la feria semanal con productos de uno y otro lado. Viajamos no más de veinte pasajeros entre hombres, mujeres y niños, incluida una pareja de jóvenes franceses que van de largo hacia los puntos más importantes del Perú; pudiendo ir por la ruta de Huaquillas o de Macará, escogieron ésta que les parece más exótica. Todos vamos alegres, comentando y admirando, pregunto a cada paso los nombres de lugares y algunos muy atentos tienen satisfacción de informarme incluso más de lo que les solicito. Siguen paisajes interesantes, lluvia a lo lejos, territorios escarpados, vegetación y carretera de no muy buenas condiciones. Les digo que para que llegue el pavimento hasta esta frontera debemos esperar siquiera un año y medio, pero estoy seguro de que se lo hará. En el camino converso con Pamela y Rocío, mis jóvenes guías, me cuentan que estudiarán Comunicación, que les gusta la carrera, pero les manifiesto que se requiere de mucho, más que dinero, de amor por esa profesión, por la gente, por la tierra, por la vida y por nuestra patria. Aprueban la idea. No conocen más que su pueblo y veo que tienen gran curiosidad por recorrer Cuenca, Quito, Guayaquil y otras ciudades y lugares; llegará el momento, para todo hay un tiempo.
Lugares solitarios y tristes
Pasamos por Pucapamba, está cruzado un palo pintado de amarillo y negro, un soldado pequeñito pero de rostro serio y con traje camuflado nos sale al paso, y qué ojo, enseguida se acerca a los franceses y les pide papeles, y continuamos. Por estos lares se respira paz y tranquilidad; luego divisamos no muy lejos al caserío de La Chonta y ya más allá desde lo alto se ve el puente y caserío de La Balsa junto al río Canchis, límite internacional. Nos aproximamos hasta que el bus se detiene definitivamente, y de los pocos que quedamos, cada uno va por su lado, mientras nosotros pasamos el puente que divide a los dos territorios. En este lugar los domingos se hace la indicada feria y no hay ningún problema ni confusión como en otros lugares fronterizos que conocemos. Del 20 al 23 de octubre de cada año se realiza una feria de integración y es día de fiesta. El río Canchis desde aquí ya es navegable aguas abajo, luego recibe el aporte del río Mayo y se forma el Chinchipe que después desemboca en el Marañón y éste mucha distancia después llega al Amazonas. Hasta aquí desde Zumba la ranchera ha hecho una hora y 30 minutos. Pasando el ancho puente que tiene un palo al comienzo y otro a su término, caminamos en busca de un vehículo para introducirnos en territorio peruano; por allí encontramos una tricimoto, buscamos al conductor que aparece de mala gana, a pesar de que estaba vagando. Arreglamos el precio, cuatro dólares, y nos lleva a Namballe, el primer pueblito peruano a donde arribamos en veinte minutos: frío, desolado, pobre; en el descuidado parque central no vemos a gente, salvo unos cuatro militares que nos miran sorprendidos; un par de fotos y enseguida retornamos. Zumba es muchas veces más alegre y atractivo, ni punto de comparación, al menos nos pareció así.
Todavía queda mucho qué investigar
Toca el regreso, estamos pocos en la ranchera y queda la inquietud de en próxima ocasión extender el viaje hacia San Isidro y Jaén, pasando esa frontera. Luego a siete horas se encuentra Bagua, la base militar peruana reforzada con motivo de la guerra del alto Cenepa. Al día siguiente ya corresponde volver a casa y en el trayecto tejemos nuevos planes pero no se borra de la mente nuestro proyecto de conocer la “Ciudad perdida”, difícil pero no imposible, habrá que buscarla por el lado de Zamora y Nangaritza. Conozco que en 1817 una expedición con el franciscano P. José Antonio Prieto llegó al sitio. La Revista Complutense de Historia de América contiene un artículo de Carmen Martínez Martín. Por allí anduvo Juan de Salinas, aquel de las minas de oro en Cañaribamba, cerca de Santa Isabel, pero fue su sobrino Bernardo de Loyola quien fundó Logroño de los Caballeros y Sevilla del Oro, ciudades que perecieron ante la furia de los jíbaros. El P. Prieto junto con Juan López Tormaleo y otros entusiastas del proyecto, partieron de Cuenca en 1816 y encontraron huellas de la destrucción e incluso cráneos que en casas de los indígenas los conservaban. Queda por investigar mucho más, pero lo fundamental es acercarse al lugar. Esperamos tener éxito.
César Pinos Espinoza
www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com
El bus de Viajeros corre por el magnífico pavimento con rumbo a la legendaria ciudad de Loja. En cuatro horas desde Cuenca arribamos a la urbe fundada por Mercadillo el 8 de diciembre de 1548. Cómo ha cambiado desde que la conocimos hace unos veinte años. Es ya moderna, sin embargo conserva tradiciones culturales y religiosas que hoy trascienden a nivel internacional. Quisimos quedarnos un tiempo pero nuestro objetivo era otro, más al sur, hacia la frontera oriental. Nos esperaba la sorpresa de pueblos hermosos y desconocidos en nuestra geografía. Enseguida abordamos un nuevo vehículo; hay muchas cosas para asombrarse.
Recuerdos de “El éxodo de Yangana”
Del terminal de Loja partimos a las 12h45 en un bus de la Nambija ($7.5). Comienza la carretera asfaltada. Pronto llegamos a Malacatos, población a una hora, soledad y alegría al mismo tiempo, vemos al paso árboles de mandarinas, naranjas y aguacates, y caña guadua, caña mansa, bambú o “caña guama”, como dicen algunos. Pasamos a Vilcabamba y ya contemplamos un gran valle verde y muy atractivo, por algo será que llegan a él turistas de todo el mundo. A partir de este “Valle de la longevidad” la carretera es lastrada y partes con pavimento rígido en construcción. Ascendemos por el nudo de Sabanilla que es el límite con Zamora Chinchipe. Arrugada geografía, a cada paso jóvenes trabajando en la vía. Es la compañía TGC que a la altura del pueblo de Masanamaca construye mientras llueve copiosamente. Ya divisamos Yangana, se destacan las torres de su iglesia, dificultades en el paso porque el río del mismo nombre está enfurecido. Una calle lleva el nombre de Ángel Felicísimo Rojas, por la obra “El éxodo de Yangana”, que salió de las fronteras y le dio fama al lugar. La ruta sigue en ascenso por la cordillera, lo construido se destruye, equipos limpian los deslaves. Luego un letrero dice “Bienvenidos al Parque Nacional de Podocarpus”, enseguida otro: “Área protegida, Fundación Jocotoco”. Llegamos a Valladolid, luego la carretera en buenas y malas condiciones pasando por los pueblos de Palanda, El Progreso e Isimanchi, hasta por fin arribar a Zumba a las 9 y 15 de la noche. Todo un día viajando y por supuesto enseguida al hotel San Luis, de 10 dólares, para descansar “como niño recién bañado”.
Un trago en el museo arqueológico
Cantan los gallos como en todas partes y a pocos metros del parque central y la Brigada de Selva 17 Zumba, encuentro a don Noé Mercedes Bermeo Castillo (77), saludamos, me invita a entrar en su pequeño museo arqueológico, me muestra diminutas y hermosas piezas de ópalo gris y blanco, fueron probablemente talladas por mujeres hace mil años o más con materiales traídos de la zona de San Ignacio y Jaén, hoy en el norte peruano. Don Noé nació en Yangana, cuando para llegar a Zumba se hacía un mes caminando o cabalgando, pues los ríos crecían y había que esperar o se pasaba con carga por puentes de bejuco. Mientras mira y toca una botella de un licor oscuro me muestra una piedra petrificada de guayacán. Conserva una placa que iba a ser entregada a Velasco Ibarra que debía llegar el 28 de noviembre de 1971, cuando dejó “con los churos hechos” a la gente que le esperaba hasta con artistas como las Hnas. Mendoza Suasti. Me cuenta que originalmente habitaba en la zona la cultura Mayo-Chinchipe, luego los Yaguarzongos, los Bracamoros y por último los Incas. Al final me invita una copa de un trago fabricado por él mismo en su finca y él se toma una de aguardiente “que le hace torcer”. Por allí en un restaurant encuentro a doña Carmen Martínez, vive 45 años en Zumba y me relata que cuando era niña todo era selva y sólo habían cuatro casas.
Cuatro bellas chicas del Colegio “Manuelita”
Y no podían faltar, encuentro a cuatro chicas trabajando en un parquecito y entablamos la conversación. Son Enith Abad, Rocío Alba, Pamela Albán y Denisse Castillo, estudiantes del colegio “Manuela Sáenz”. Sí saben sobre el personaje, pero un poco risueña explica una de ellas, “dicen que era amante del Libertador” y le respondo, “tiene diez sobre diez”. Unas fotografías y enseguida sus impresiones y mensajes: Hacen falta centros recreativos, el internet llega lento y su colegio es aceptable, dicen. Enith manifiesta a los jóvenes: “Que aprovechen las oportunidades y no desperdicien el tiempo”; Rocío: “Que visiten Zumba y disfruten de esos lugares”; Pamela: “Compartan con la naturaleza, que se alejen de la rutina y contacten con gente nueva”; Denisse: “Esperamos una invitación y un intercambio”.
En octubre es la fiesta de las hormigas
Calles inclinadas, gente atenta y alegre, calor humano, son características en Zumba, centro poblado lejano y aislado del sur oriente ecuatoriano. Había que conocer algo sobre la Misión Franciscana en el lugar, y en un local junto a la iglesia encontramos la respuesta. La joven Hna. Giovanna nos informa que a menudo salen a las comunidades de San Andrés, La Chonta, Pucapamba y El Chono. La catequista Esther Cabrera expresa: “Somos humildes y tememos al Ejército y a la Policía”, quizás, digo, a consecuencia de abusos de esos elementos en el pasado, lo que hoy es inadmisible. Francisco León: “Usted es el primer periodista que ha venido”, y nos hace conocer una novedad: “Zumba es tierra de la chonta, la guayusa, las culonas y las mujeres bellas”; ante mi asombro, explica enseguida que eso de “culonas” es en referencia a unas hormigas que cada año aparecen en octubre, se las captura y se las come tostadas, en caldo o en tortilla y son afrodisíacas. Ante esto último las mujeres festejan. Ahora sí, quedó claro para mí el monumento a esa hormiga en el parque central. Lo de las mujeres bellas, es cuestión de ver por las calles. La misionera Esther (43) es la más comunicativa y alegre, me pide que agradezca al Hospital del IESS de Cuenca porque la han atendido muy bien de una dolencia, especialmente al Dr. Gerardo Peña. Por último, Lucía Encalada, una simpática mujer, expresa que la Misión es importante “porque aprendemos a ser mejores y útiles a la sociedad”.
Interesante historia de San Antonio
Sigo mi recorrido por las calles en subidas y bajadas, al paso veo un estadio con cancha de tierra y una tribuna. La juventud deportiva merece algo mejor. La gente me saluda, todavía conserva esa linda costumbre, me siento muy bien. Luego voy a la radio de la Misión para conocer algunas novedades. Me recibe su director el Hno. Juan Patiño y conversamos de muchas cosas, entre ellas de San Antonio, que es el nombre de la emisora. Se llamaba Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo y vino al mundo en 1195. Llamado "el santo de todo el mundo" y "Doctor Evangélico", decía: "El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree". Dueño de extraordinaria memoria retentiva, llegó a adquirir amplios conocimientos sobre la Biblia. Este fraile portugués era también conocido como "El defensor de la Verdad". Al morir el 13 de junio de 1231 tenía tan sólo treinta y cinco años de edad. La referencia viene porque vemos que ha sido un personaje importante y joven. Por el Hno. Juan y el P. Jervis conocemos que en las comunidades los feligreses escuchan la misa a través de la radio mediante parlantes; que tiene un largo alcance, incluso hasta el norte del Perú, “a pesar de que el Estado le mermó la potencia, mientras entran libremente siete emisoras peruanas”. Se fundó mediante una donación de los Franciscanos hace 16 años, pero ahora sí ayuda el Gobierno, y comenzó empíricamente con dos personas, entre ellas una cocinera que operaba mientras preparaba la comida; tiene tres frecuencias: para Zamora Chinchipe, Loja y El Oro, e inclusive se escucha en algunos lugares del Azuay. Lo importante es que tiene dos objetivos básicos: la evangelización y el aporte cívico y patriótico. Conversamos con los religiosos y comunicadores de muchas cosas y al final generosamente nos invitan a almorzar, nos ceden el lugar preferencial, oramos juntos antes de comenzar y ruegan a Dios por todos y por este, su modesto servidor y huésped. Linda experiencia, salgo muy alegre y con la barriga llena, y para colmo de la buena suerte afuera encuentro a una bella mujer con sonrisa cautivadora, que me pregunta quién soy y “cómo así”, conversamos brevemente, le obsequio mi libro “La batalla del Portete” y caminamos hasta cerca de su casa, se trataba de la concejal Liliana Sozoranga.
No encuentro la “Ciudad perdida”
El tiempo para nosotros vuela en Zumba, nos queda mucho qué hacer y a dónde ir; por aquí y por allá nos cuentan historias: los peruanos no avanzaron en 1941 y 1942 por esos lugares; todos tomaron las armas para la defensa; un día llegó Jaime Roldós; también llegó León pero no quiso conversar con el pueblo. Dos días agotadores y falta lo principal, ir hacia la frontera, es decir a La Balsa, a una hora y media; busco la “Ciudad perdida”, no la encuentro por ahí pero me dan interesantes datos que les puedo contar en un próximo reportaje. El problema es que se me agota el tiempo y me estoy acostumbrando al lugar, que hasta quisiera quedarme a vivir. La noche llega rápido, suena una que otra discoteca con música reguetonera pero ya siendo las diez de la noche hay que descansar para la próxima jornada.
César Pinos Espinoza